miércoles, 10 de octubre de 2018

¿QUE CUANTOS AÑOS TENGO? (Por Un Rincón del Alma)

¿Qué cuántos años tengo?
¡Qué importa eso!
¡Tengo la edad que quiero y siento!
La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso.
Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso o lo desconocido…
Pues tengo la experiencia de los años vividos
y la fuerza de la convicción de mis deseos.
¡Qué importa cuántos años tengo!
¡No quiero pensar en ello!
Pues unos dicen que ya soy viejo
otros “que estoy en el apogeo”.
Pero no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice,
sino lo que mi corazón siente y mi cerebro dicte.
Tengo los años necesarios para gritar lo que pienso,
para hacer lo que quiero, para reconocer yerros viejos, rectificar caminos y atesorar éxitos.
Ahora no tienen por qué decir:
¡Estás muy joven, no lo lograrás!…
¡Estás muy viejo, ya no podrás!…
Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma,
pero con el interés de seguir creciendo.
Tengo los años en que los sueños,
se empiezan a acariciar con los dedos,
las ilusiones se convierten en esperanza.
Tengo los años en que el amor,
a veces es una loca llamarada,
ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada.
y otras… es un remanso de paz, como el atardecer en la playa..
¿Qué cuántos años tengo?
No necesito marcarlos con un número,
pues mis anhelos alcanzados,
mis triunfos obtenidos,
las lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones truncadas… ¡Valen mucho más que eso!
¡Qué importa si cumplo cincuenta, sesenta o más!
Pues lo que importa: ¡es la edad que siento!
Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos.
Para seguir sin temor por el sendero,
pues llevo conmigo la experiencia adquirida
y la fuerza de mis anhelos
¿Qué cuántos años tengo?
¡Eso!… ¿A quién le importa?
Tengo los años necesarios para perder ya el miedo
y hacer lo que quiero y siento!
Qué importa cuántos años tengo.
o cuántos espero, si con los años que tengo,
¡¡aprendí a querer lo necesario y a tomar, sólo lo bueno!

José Saramago.

REFLEXIONAR ¿SIRVE PARA ALGO? (Por Emma Fernandez)

REFLEXIONAR… ¿SIRVE PARA ALGO?
En mi opinión, el simple hecho de ponerse a reflexionar sobre un asunto, aunque no se llegue a ninguna conclusión o no se haga un descubrimiento deslumbrante, ya es productivo y aporta algo.
Aclaro que aunque en teoría viene a ser lo mismo pensar que reflexionar, a mí me gusta entenderlo como dos cosas distintas.
Pensar es algo que se puede hacer sobre la marcha, al mismo tiempo que se hace otra cosa, y lo asocio también a algo rápido en el que no se profundiza lo suficiente y uno se conforma con lo primero que aparece. No digo que sea así, digo que yo lo entiendo así.
Reflexionar, en cambio, requiere predisposición, un tiempo y un lugar en el que uno no desea verse interrumpido por nada, ya que requiere concentración, penetración en el motivo de reflexión, y alargamiento de las ideas que vayan surgiendo independientemente de cuál sea el destino de cada una de ellas, porque en esa ampliación de la distancia al punto inicial es donde puede estar la respuesta a una pregunta que aún no se ha hecho.
En mi opinión, al reflexionar, aunque aparentemente parezca que no se ha movido nada, no es cierto. En nuestro interior, a nivel mental, pero no en una mente superficial sino en una especie de mente profunda que va mucho más allá de la mente cotidiana, se mueven cosas aunque no se vea inmediatamente el resultado, aunque parezca que no se ha descubierto nada y todo sigue igual.
Si uno se plantea una inquietud, o una pregunta, “algo” en nuestro interior se da por aludido, recibe el mensaje, y sabe que tiene que recurrir a su propia sabiduría interna, o la observación atenta de sí mismo, a las experiencias acumuladas, o a cosas que alguna vez ha oído, para darle al preguntador la respuesta que necesita.
Apostaría a que en alguna ocasión has comprobado cómo “aparece por las buenas”, sin saber por qué, la respuesta a una pregunta que te hiciste en otro momento, tal vez ayer o hace un mes.
Cuando se reflexiona, se crea un ambiente sereno en el que uno contacta consigo mismo en su profundidad.
Los pensamientos –a veces dispersos- que surgen de esa reflexión se van ordenando en el sitio que les corresponde, como si conformaran un puzle en el que se van aportando las piezas que faltaban y, por fin, en algún momento podemos verlo ya completo en forma de frase o de sentimiento.
Los pensamientos que tenemos en el inconsciente, o aquellos de los que no somos conscientes, se actualizan durante la reflexión. Como costumbre, seguimos aplicando las mismas normas desde hace tiempo y si no las actualizamos quedarán obsoletas y nos seguiremos rigiendo por normas que ya están caducadas.
Conviene no olvidar que la mayoría de nuestras acciones, pensamientos, miedos, o modos de ser y actuar, se hacen de un modo inconsciente, usando una decisión basada en tendencias o ideologías antiguas, que muy posiblemente nos inculcaron otras personas, y de ese modo resulta que no somos nosotros mismos quienes decidimos aunque creamos que sí.
¿Reflexionar? Sí, siempre. Todo lo que se pueda.
Ya lo decía Confucio: “Oír o leer sin reflexionar es una tarea inútil”.
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales
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domingo, 7 de octubre de 2018

DEFINIENDO EL DESAPEGO

DEFINIENDO EL DESAPEGO <3
Primero, aclaremos lo que no es el desapego. El desapego no es un alejamiento frío, hostil; no es una aceptación resignada y desesperante de todo aquello que la vida y la gente nos tire en el camino; no es una manera robótica de ir por la vida, absortos, y totalmente indiferentes a la gente y a los problemas; no es una actitud de inocente dicha infantil; ni un desentendimiento de lo que son nuestras verdaderas responsabilidades hacia nosotros mismos y hacia los demás; ni una ruptura en nuestras relaciones. Tampoco es que retiremos nuestro amor y nuestra solicitud, aunque a veces estas formas de desapegarnos pueden ser las mejores a seguir.
El desapego implica - " vivir el momento presente" - vivir en el aquí y en el ahora -. Permitimos que en la vida las cosas se den por sí solas en lugar de forzarlas y tratar de controlarlas. Renunciamos a los remordimientos por el pasado y a los miedos por el futuro. Sacamos el mayor provecho a cada día.
El desapego también implica aceptar la realidad, los hechos. Requiere fe en nosotros mismos, en Dios, en otras personas, en el orden natural y en el destino de las cosas en este mundo.
El desapego se basa en las premisas de que cada persona es responsable de sí misma, en que no podemos resolver problemas que no nos corresponde solucionar, y que preocuparnos no nos sirve de nada. Adoptamos una política de no meter las manos en las responsabilidades de otras personas y en vez de ello, de atender a las nuestras.
Ya no seas codependiente
Melody Beattie

sábado, 6 de octubre de 2018

COMO ACTUAR ANTE EL SUFRIMIENTO (Por Emma Fernandez)

CÓMO ACTUAR ANTE EL SUFRIMIENTO
(Este artículo se refiere al sufrimiento espiritual o emocional, y no al sufrimiento producido por un dolor físico)
En mi opinión, este tipo de sufrimiento se puede llegar a controlar con la mente de modo que uno pueda quedar inafectado ante cualquier evento de su vida, pero… en muchas ocasiones, evitarlos supone perderse la oportunidad de seguir avanzando en el proceso de descubrimiento y autoconocimiento. De todo sufrimiento hay que salir engrandecido.
No sabemos manejarnos bien con las cosas que nos producen sufrimiento. Somos tan sensibles, somos tan humanos, que las cosas que nos duelen nos obnubilan y nos impiden actuar con la conciencia desafectada en los momentos que se presentan.
La tendencia impulsiva natural, actuando como un mecanismo de defensa y supervivencia, trata de sacarnos del sufrimiento evitando –o tratando de evitar- que nos descentre, que nos aflija y atormente, y por eso cuando llega ese momento nos parece que no estamos preparados, y creemos que si lo evitamos no estamos haciendo lo correcto, pero si dejamos que nos venza y nos hunda tampoco estamos haciendo lo correcto.
Lo mismo que se aplica al sufrimiento se puede aplicar a las emociones y los sentimientos: mientras están manifestándose hay que entregarse completamente a ellos, hay que permitir que nos absorban para que nos permitan conocernos en toda nuestra humanidad y nuestro potencial; hay que vivirlos con toda la intensidad que nos aportan, sin tratar de depreciarlos, sin pretender aplazarlos para otro momento (porque cualquier otro momento ya no será igual, ya que todos los momentos son irrepetibles), sin negarlos, sin tratar de aplacarlos o enfriarlos con la razón o la indiferencia.
En mi opinión, cuando se produce, hay que de dejar que se exprese TODO el sufrimiento. TODO.
Es el único modo de conocerlo de verdad, de saber cuál es su límite y el nuestro, y la única manera de sacarle la enseñanza que nos puede aportar en el camino del autoconocimiento.
Reprimir el sufrimiento, cortar su manifestación natural, o negarlo, es contraproducente, porque es privarse de la oportunidad que nos está brindando. Creo que ningún sufrimiento emocional es gratuito. Ninguno se presenta con la exclusiva intención de mortificar, atormentar, o punzar y sin entregar nada a cambio. Ningún sufrimiento es un tormento y suplicio porque sí.
¿Puede influenciar la mente en los sentimientos haciéndoles ver que los que producen sufrimiento no son deseados y por ello son rechazables?
La premisa es que cuando uno está atravesando un momento emocionalmente sufriente no está para escuchar lo que le parecen monsergas. No está para razonar porque el sufrimiento acota su capacidad de razonar ya que se centra casi exclusivamente en esa consternación, y en la razón del origen, y en los sentimientos añadidos de incomprensión o injusticia.
Si los sentimientos pertenecen al corazón y la razón a la mente, están condenados a no entenderse. O, cuanto menos, a hablar diferentes idiomas con diferente ánimo, lo que les condena a la falta de entendimiento. Cada uno se va a encastillar en su postura y no va a querer entender la otra.
La aportación de la mente es esos momentos se ha de limitar a recordarnos que todos los momentos son pasajeros y que conviene aprovechar el estado que se ha producido antes de que se difumine y desaparezca.
Somos humanos. Gran parte de nuestro aprendizaje no pasa por nuestra mente o nuestra memoria, sino que se recibe y se siente en el corazón.
Ciertas cosas solamente podemos aprenderlas –y aprehenderlas- sintiéndolas, sin necesidad de teorización o explicaciones, sin ponerles palabras que intenten explicar lo inexplicable.
Si algo nos duele hay que preguntarse: ¿por qué?, ¿a quién le duele? (¿a la Persona o al ego?), ¿qué sentido tiene este sufrimiento?, ¿me estoy quedando en un sufrimiento inútil?, ¿qué tengo que aprender o qué puedo aprender de esto?, ¿me estoy negando a aprender?, ¿qué me estoy diciendo a mí mismo?, ¿qué me está diciendo mi alma?
Y se pueden añadir cuantas preguntas se nos ocurran. Eso sí, las respuestas son necesarias (atención porque a veces se manifiestan simplemente como un sentimiento, sin palabras).
Y hay que escuchar a las respuestas verdaderas sin descartarlas por ingratas o indeseadas.
Resumiendo: no huyas ante el próximo sufrimiento ni te atrincheres en él.
Obsérvate y aprende.
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales
“Oír o leer sin reflexionar es una tarea inútil”. (Confucio)
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(Más artículos en http://buscandome.es/index.php?action=forum)

viernes, 5 de octubre de 2018

LAS RELACIONES COMO PRÁCTICA ESPIRITUAL (Por Consejosdelconejo)


consejosdelconejo.com
Las relaciones nunca antes han sido tan problemáticas ni han estado tan…

miércoles, 3 de octubre de 2018

¿SE PUEDE MEJORAR LA AUTOESTIMA? (Por Emma Fernandez)

¿SE PUEDE MEJORAR LA AUTOESTIMA?
La “autoestima” es la autovaloración que hacemos de nosotros en la vida adulta. Consiste en una buena apreciación y reconocimiento de nuestros aspectos más valiosos pero también la aceptación de las propias limitaciones, sin que ellas nos condicionen ni nos hagan sentir mal. En este sentido debemos ser capaces de balancear nuestras debilidades con los aspectos más destacables de nuestra personalidad.
¿De dónde surge la autoestima?
La función parental a la hora de valorar y alentar los aspectos de la personalidad más valiosos de los hijos es fundamental puesto que la autoestima se construye desde el primer desarrollo evolutivo en la infancia. En un primer momento la autoestima se alimenta de la imagen que los padres o las figuras afectivas devuelven al niño de ellos mismos.
Ya en la edad adulta, el tipo de autoestima que queremos, dependerá de nosotros y es posible trabajar para aumentarla.
Este proceso puede considerarse parte el desarrollo personal… pues entonces… a trabajar que merece la pena y se puede lograr!
¿Qué sucede si tenemos una baja autoestima?
Cuando tenemos una baja autoestima tendemos a pensar en términos negativos sobre nosotros mismos y nos cuesta mucho identificar nuestras capacidades o habilidades más valiosas.
Las consecuencias de una baja autoestima pueden ser graves, ya que posiblemente lleven a la persona a ser muy vulnerable y sensible ante las críticas de los demás, y a experimentar un sentimiento frecuente de rechazo. Puede darse que se busque en todo momento la aprobación de los demás para que, precisamente, afiance la autoestima.
También puede conllevar a tener actitudes de permanente complacencia y de aceptación en todo momento de los deseos del otro, solamente para hacerse con su aprobación. Estas personan de baja autoestima, suelen renunciar a sus intereses y necesidades personales, y hasta a su propia identidad, corriendo un alto riesgo de manipulación por parte de otros con el agravante de que pueden atraer a personalidades muy dominantes o controladoras, que se aprovechen de sus inseguridades.
Por ese motivo, la falta de una buena autoestima es un motivo para acudir al Psicólogo Clínico y tratarla con Psicoterapia. En ocasiones frecuentes ella es el origen de otros tantos padecimientos psíquicos como por ejemplo la depresión o ansiedad, trastornos obsesivos o alimentarios,etc… Otras veces es el escenario ideal para que surjan con el tiempo determinados trastornos psicopatológicos.
Beneficios de tener una autoestima sana
Para una persona con una buena autoestima es más importante sentirse bien consigo mismo que obtener la aprobación de los demás… Al tener una sana autoestima puede aceptar las críticas, tolerar el rechazo y la frustración de no gustar a todo el mundo, sin que ello le dañe excesivamente… Todo ello le permite poder seguir siendo una persona “auténtica” y mostrarse “segura” frente a la sociedad, a la hora de defender sus deseos, necesidades derechos, e intereses personales…
Aquellas personas que poseen una buena autoestima se sienten merecedoras del afecto de otras personas, y son al mismo tiempo más libres y felices aún sin contar con la aprobación de los demás.
POR ESO TE DEJAMOS 20 CONSEJOS QUE PUEDEN AYUDARTE A MEJORAR TU PROPIA AUTOESTIMA
1. Comienza por aceptarte a ti mismo tal cual eres.
2. Recuérdate todo lo que vales.
3. Céntrate en cómo mejorar tu vida.
4. Intenta descubrir cuáles son tus miedos para poder hacerles frente
5. Si es necesario atrévete a decir “NO”
6. No te compares con otros.
7. Ponte metas realistas y fáciles de cumplir.
8. Identifica tus puntos fuertes.
9. Pide ayuda. Todos los seres humanos la necesitamos.
10. Sé positivo y optimista.
11. Pon en movimiento tu cuerpo, aunque sea con una simple caminata.
12. Descansa la cantidad de horas suficientes.
13. Diviértete junto a otras personas.
14. Busca relacionarte con otra gente, que tenga un carácter positivo.
15. Busca un espacio para disfrute personal y haz la actividad que más te guste hacer cocinar, escribir, escuchar música….
16. Procura tener una dieta equilibrada.
17. Admira la naturaleza.
18. Acepta y perdónate si te has equivocado.
19. Si tienes algún problema grave, pide ayuda a un profesional.
20. Sé moderado cuando realizas autocrítica.
Mejorar tu autoestima será un proceso lento, puede ser más o menos difícil, pero lo más importante…
¡Es posible!

martes, 2 de octubre de 2018

ESTABLECER LIMITES SANOS ES FUNDAMENTAL PARA LA VIDA

STABLECER LÍMITES SANOS ES FUNDAMENTAL PARA LA VIDA <3
Alcanzar la fortaleza interna significa tener discernimiento y la capacidad de protegernos poniendo límites claros, sabiendo decir que no con amor, sin que ello nos provoque miedo, rabia o culpa.
Es la manera de abandonar la victimización y la proyección a fin de superar los guiones de dolor en nuestra vida. Cuando sabemos poner límites, nuestra niña-niño interna se siente a salvo y puede empezar a florecer de nuevo.
Fanny Van Laere