En mi opinión,
cada uno emite un dictamen del concepto que tiene de su vida –si la
siente como buena, vacía, desastrosa, excelente…- en función de la
consecución o no de los objetivos que se haya marcado.
Como
baremo de control de cómo va la vida puede estar bien hacerlo, pero… sí,
hay un pero. Lo más habitual es que no se hayan marcado unos objetivos,
ni siquiera un rumbo, y de un modo absolutamente absurdo uno se queje
después de no haber hecho algo que ni siquiera se ha propuesto hacer.
Hay otras personas que sí se marcan proyectos, pero éstos son tan
faraónicos, tan utópicos, tan disparatados, que es imposible
alcanzarlos; lo cual, y sin posibilidad de evitarlo, conduce a la
frustración.
Oros valoran su vida en comparación con la vida de
otras personas, y eso puede consolar a un conformista –los que dicen
“hay gente que está peor que yo”-, pero generalmente se toman como
referencia a los exitosos, a los guapos, a los que les sonríe la
fortuna. Sería interesante mirar y comprobar que detrás de esa sonrisa
que a algunos les ofrece la fortuna hay mucho esfuerzo, mucho tesón y
trabajo, mucho sacrificio y voluntad… cosa que uno tal vez no haya
puesto en su vida.
Lo que hace importante a la vida, o no, se
puede medir por los éxitos materiales y económicos, o se puede medir por
la satisfacción personal que uno siente ante lo que es y ante sus
pequeños grandes logros.
Cada uno ha de marcar sus intenciones o
intereses en la vida, en lo que pretende de ella y de sí mismo. La
consecución de sus objetivos puede ser la escala que le marque si se
puede sentir satisfecho y tranquilo, o si la frustración tiene razón de
ser.
Para mí lo importante de mi vida está relacionado con el
Ser, con la persona, conmigo; no con lo externo, sino con lo que me
emociona, con lo que siento, con mi paz, mi conciencia tranquila, mi
bienestar interno, el amor.
Cuando yo miro lo que soy y cómo soy,
me quedo en paz. Me siento a gusto y satisfecho. El concepto que tengo
de mí es muy bueno. Me siento bien conmigo.
Si reviso mi vida
–tengo ya 64 años- veo que hay muchas cosas en ella y variadas.
Encuentro aciertos y encuentro cosas que hice de las que no me siento
orgulloso precisamente. Nunca ha habido maldad en mi vida hacia otros,
jamás he hecho nada con la intención expresa de perjudicar, pero he
tenido que tomar tantas decisiones y hacer tantas cosas que en algunas
no he acertado con el mejor modo de hacerlo. No es por defenderme, pero
no estaba preparado para afrontar todas las cosas de la vida y lo he
hecho del mejor modo que he creído.
Cuando reviso cómo soy, o por
qué, o cómo he llegado a ser de este modo, no encuentro todos los
motivos, pero encuentro algunos que me parecen determinantes. Por
supuesto que cada caso y cada persona son distintos. Lo que es útil para
mí no tiene porqué serlo para otro.
Creo que es significativo el
hecho de que no haya maldad en mis principios, que en mi naturaleza no
exista la envidia, que la honradez y la ética y la dignidad sean mis
valores más preciados y apreciados, y también valoro el hecho de
permitirme contactar con naturalidad con mis sentimientos. Me permito
emocionarme, sentir, amar.
Sé que la sensibilidad es,
precisamente, una de mis mejores influencias. La poesía, algunas músicas
clásicas, y sobre todo la ópera –todos los días escucho ópera- me han
permitido contactar conmigo de un modo profundo y muy agradable. Y me ha
permitido –y esto es lo mejor- descubrir a alguien que es distinto del
concepto que tenía de mí. Y me gusta lo que he descubierto.
El
contacto con los otros, escuchar sus asuntos personales y permitirme
sentir empatía hacia ellos, los abrazos, las confidencias, la humanidad
que desprenden y percibo, y las miradas francas, han conseguido romper
mis muros defensivos, has desbaratado –y me alegro mucho de ello- la
frialdad que en algún momento me fue impuesta.
Todo lo narrado
hasta ahora sobre mí me ha permitido llegar a la seguridad de que mi
vida es importante. Para mí es importante, y eso es lo que vale. Me
siento a gusto con mi vida y conmigo.
Sigo con la intención de
promocionar mi sensibilidad, de dejarme emocionar hasta el llanto feliz
por todo aquello que sea capaz de provocármelo, de entretenerme en las
vivencias y los recuerdos apreciados de mi vida, de promover la risa y
el optimismo procurando contagiárselo a todos los que se dejen, de tener
un nivel bajo de exigencia con la felicidad de modo que cualquier cosa
pueda contribuir a mi bienestar. Hago todo lo necesario para
des-dramatizar lo trágico y para quitarle poder a lo que pretenda
afectarme.
Voy a seguir insistiendo en centrarme en lo
gratificante, en recordar lo positivo que hay en mí y en lo que ha
habido y hay de bueno en mi vida, en valorar mis cosas agradables, en
darle a mi autoestima motivos para que se sienta satisfecha y bien, en
atender plenamente a los momentos que ahora vivo, las cosas que ahora
siento o veo, en promocionar lo que siento como bello, como emocionante;
en lo que me enriquece en lo humano.
Los buenos momentos son casi todos si les prestamos atención.
Tú haces que tu vida sea para ti importante.
Depende de ti.
Sé muy consciente… y ponte a hacer lo que sea necesario para ello.
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales
viernes, 13 de enero de 2023
¿QUE ES LO QUE HACE QUE TU VIDA SEA IMPORTANTE? (Por Emma Fernandez)
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario