En
el ámbito de las semillas estelares y de la “procedencia del alma”,
estamos muy acostumbrados a decir que somos de las Pléyades, o de
Arcturus, o de Andrómeda, o de Sirio (el lugar que sea)… Pero,
realmente, uno no es de un lugar: uno ha encarnado en un lugar, pero
puede haber vivido muchas experiencias en ese sistema y tener muy
presente el recuerdo (inconsciente) en la encarnación actual terrestre.
Siempre
es aconsejable abordar este tema desde una perspectiva abierta y tomar
conciencia de nuestra tendencia a identificarnos con lo que yo llamo
"nacionalismo espiritual", es decir, creer que únicamente somos de un
lugar, idealizarlo y pasarnos la vida aquí quejándonos de lo horrible
que es la Tierra y anhelando volver al lugar de origen. Esto puede estar
justificado en las primeras décadas de nuestra vida y, de hecho, es
común en muchas personas, pues la añoranza por otros lugares puede
llegar a ser muy grande, pero cuando tomamos conciencia de que en
realidad todo el Universo es nuestro hogar y de que fuimos nosotros
quienes decidimos estar aquí en esta época, la perspectiva cambia y
comienza a ser necesario aceptar que ahora estamos aquí con un
propósito: hacer de la Tierra un lugar parecido a los lugares que
recordamos.
No
estamos aquí para pasarlo mal, sino para crear algo nuevo y contribuir
con nuestra presencia y energía al crecimiento de la conciencia en el
planeta (pacíficamente y dejando a un lado la violencia dual y la
superioridad del ego espiritual, que siempre está en guerra contra
alguien y quejándose de todo). Todos somos diferentes y hemos podido
estar en muchos lugares, pero a la vez todos formamos parte de lo mismo.



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Javier López Alhambra
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