miércoles, 27 de mayo de 2026

RECORDEMOS DE NUEVO (Por Mari Carmen Alcaraz)

 

Hay un momento muy curioso en la vida en el que todo parece invitarte a quejarte. No porque seas débil, sino porque la mente tiene esa tendencia automática a enfocarse en lo que falta, en lo que duele, en lo que no salió como esperabas. Es como si quisiera protegerte… pero a veces, sin darte cuenta, también te limita.
Y ahí es donde aparece una decisión silenciosa pero poderosa: hacer lo contrario.
Dar gracias cuando no es fácil no significa negar lo que sientes. No se trata de fingir que todo está bien, ni de ignorar lo que duele. Se trata de algo mucho más profundo: elegir desde dónde quieres vivir tu experiencia.
Porque cuando agradeces, algo cambia dentro de ti.
La queja te encierra. Te hace ver un mundo pequeño, lleno de obstáculos, donde todo pesa más. En cambio, la gratitud abre espacio. Amplía tu mirada. Te recuerda que, incluso en medio del caos, hay algo que sigue sosteniéndote.
Tal vez hoy no tengas todo lo que quieres… pero tienes algo. Tal vez el camino no es claro… pero sigues avanzando. Tal vez hay heridas… pero también hay aprendizaje.
Y eso ya es motivo suficiente para hacer una pausa y agradecer.
La gratitud no cambia inmediatamente lo que estás viviendo, pero sí transforma la forma en la que lo vives. Y eso, con el tiempo, lo cambia todo.
Porque cuando empiezas a agradecer lo pequeño, lo invisible, lo cotidiano… comienzas a darte cuenta de que la vida no está en tu contra. Está trabajando contigo, aunque aún no entiendas cómo.
Así que la próxima vez que tu mente quiera quejarse, no luches contra ella… solo sonríe un poco y cambia la dirección.
Agradece.
No porque todo sea perfecto, sino porque estás aquí, viviendo, sintiendo, aprendiendo… y eso ya es un milagro silencioso que muchas veces pasamos por alto.

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