OÍR O LEER SIN REFLEXIONAR ES UNA TAREA INÚTIL
En mi opinión,
esta frase que dijo Confucio hace más de 2.500 años sigue manteniendo su
vigencia, y parece que seguirá conservando su verdad hasta el fin del
mundo.
Llevo ya más de 30 años en esto del Desarrollo Personal,
del Camino Espiritual, del Autoconocimiento, o del nombre que se le
quiera dar a esto de tratar de ser mejor persona y mejor Ser Humano.
Este preámbulo sirve para decir que he tenido ocasión de hablar con
cientos de personas APARENTEMENTE interesadas en esta tarea. He podido
comprobar que en demasiadas ocasiones esta búsqueda de la que hablan no
va más allá de una curiosidad temporal, de un autoengaño, o de pretender
presumir ante los otros de ser “una persona especial”, “interesada en
su trascendencia” y en “el descubrimiento de la Autenticidad”.
Estoy harto de escuchar cómo sale eso por la boca pero sin pasar antes
por el corazón, y cómo se afirma con apariencia de algo tajante pero se
sustenta sobre una auto-estafa.
Estoy harto de las personas que
leen los artículos y al finalizarlos se creen con autoridad para emitir
un juicio o una crítica con aires de doctores en la materia, y les
parece que con opinar ya han hecho suficiente, y lo amontonan en el
olvido junto a otros cientos de artículos.
Estoy harto de los
coleccionistas de frases célebres que se conforman con poder recordar
una retahíla de ellas, llegando a decirlas con solemnidad y empaque y
creyéndose por ello en posesión de la Gran Verdad. Cuando expresan “Pues
como decía Fulanito…”, inmediatamente les corto y les pregunto “¿y tú
qué dices?” y ya no saben cómo seguir. Malviven de experiencias ajenas.
Estoy harto de los que leen algo que podía tocarles en la fibra de su
realidad, pero en vez de aceptarlo y utilizarlo como argumento para
iniciar el proceso para solucionarlo, lo que hacen es aplicárselo a otro
y decir sin palabras “esto es lo que le pasa a mi amiga”, o “se lo voy a
pasar a Fulanito para que lo lea”.
Estoy harto de los que no
invitan a que estén presentes en las lecturas su corazón, sus
sentimientos o sus emociones, su sensibilidad, sus auténticos deseos de
sanación o de aprendizaje, su esencia, su alma...
Estoy harto de
los que al terminar de leer algún escrito interesante e importante, se
conforman con darle a like/me gusta y van a la caza de su siguiente
artículo/captura, y de los que dicen “algún día tendría que hacer esto
que dice el artículo”, y de los que dicen “tiene razón… si yo pudiera,
lo haría”.
Estoy harto de los que usan mentiras como excusas (¿a
quién pretenden engañar -me pregunto- si en realidad sólo se engañan a
sí mismos?), de los que dicen “no puedo” en vez de decir “voy a hacerlo.
Y ya”, o los que dicen “voy a intentarlo” en vez de decir “voy a
hacerlo. Y ya”,
Estoy harto de los teóricos, de los
intelectualoides, de los falsos, de los que permiten que sus “defectos” o
sus asuntos pendientes de revisar o mejorar queden inafectados,
escondidos, a salvo de cualquier intento de solución, mientras derrochan
conocimientos, presumen de un centenar de libros leídos, de haber
asistido a charlas y cursillos, y todo eso desde una intelectualidad que
se quedará en la teoría de las cosas sin penetrar más allá de la
superficialidad que les pone a salvo de las revoluciones interiores
necesarias.
Estoy harto de las personas que oyen o leen sin
reflexionar, sin buscarse a sí mismos en ese artículo o esa frase, de
los que olvidan a la misma velocidad que leen, de los que no se paran a
escuchar las voces interiores que se sienten afectadas con algunas
lecturas y gritan reclamando una solución.
La utilidad se
encuentra en la reflexión (pensar atenta y detenidamente sobre algo) y
en el darse cuenta (advertir o percatarse de algo comprendiéndolo), y si
no se hace de ese modo, se le está dando la razón a Confucio.
Un
artículo no se acaba en el punto final. Ahí es donde comienza su
utilidad. El final, o el momento en que se siente algo, ha de ser el
inicio de una introspección (mirada interior que se dirige a los propios
actos o estados de ánimo), de una abstracción (separar por medio de una
operación intelectual un rasgo o una cualidad, y concentrarse en los
propios pensamientos apartando los sentidos o la mente de la realidad
inmediata), o de una cavilación (pensar con intención o profundidad en
algo).
Y acabo este artículo del mismo modo que todos los que he escrito:
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales
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