El
hombre sencillo no ha sido hasta ahora el objetivo de la sociedad
humana. Y el hombre sencillo no puede ser el objetivo, porque nacemos
sencillos. Todo niño es sencillo, como una pizarra en blanco. Después,
los padres empiezan a escribir en esa pizarra lo que debe ser el niño
con el tiempo. Después los profesores, los sacerdotes, los dirigentes...
Todos se empeñan en que seas alguien, porque si no, habrás malgastado
tu vida.
Y resulta que es justo lo contrario.
Eres un ser. No necesitas convertirte en otro. En eso consiste la sencillez: seguir agusto con nuestro propio ser y no iniciar el interminable camino de convertirse en otro.
En ningún sitio llegarás a pensar: «Ha acabado el viaje. He llegado a la cima que deseaba». Nadie ha sido capaz de hacer eso en el transcurso de la historia de la humanidad, por la sencilla razón de que el hombre se mueve en un círculo, de modo que siempre hay alguien por delante de ti en un sentido u otro.
Y resulta que es justo lo contrario.
Eres un ser. No necesitas convertirte en otro. En eso consiste la sencillez: seguir agusto con nuestro propio ser y no iniciar el interminable camino de convertirse en otro.
En ningún sitio llegarás a pensar: «Ha acabado el viaje. He llegado a la cima que deseaba». Nadie ha sido capaz de hacer eso en el transcurso de la historia de la humanidad, por la sencilla razón de que el hombre se mueve en un círculo, de modo que siempre hay alguien por delante de ti en un sentido u otro.
OSHO.

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