lunes, 12 de abril de 2021

EL HIJO (Cuentos con Alma)

 Un hombre rico, y su hijo, tenían gran pasión por el arte. Tenían de todo en su colección: desde Picasso hasta Rafael.
Muy a menudo, se sentabn juntos a admirar las grandes obras de arte.
Desgraciadamente, el hijo fue a la guerra. Fue muy valiente y murió en la batalla mientras rescataba a otro soldado. El padre recibió la noticia y sufrió profundamente la muerte de su único hijo.
Un mes más tarde, justo antes de Navidad, alguein llamó a la puerta.
Un joven con un gran paquete en sus manos, dijo al padre:
-Señor, usted no me conoce, pero yo soy el soldado por el que su hijo dio la vida. Él salvó muchas vidas ese día, y me estaba llevando a un lugar seguro cuando una bala le atravesó el pecho, mueriendo así instantáneamente. Él hablaba muy a menudo de usted y de su amor por el arte.
El muchahco extendió los brazos para entregarle el paquete:
-Yo sé que esto no es mucho. Yo no soy un gran artista, pero creo que a su hijo le hubiera gustado que usted recibiera esto.
El padre abrió el paquete.
Era un retrato de su hijo, pintado por el joven soldado. él contempló con profunda admiración la manera en que el soldado había plasmado la personalidad de su hijo en la pintura.
El padre estaba tan atraído por la expresión de los ojos de su hijo, que los suyos propios se llenaron de lágrimas.
Le agradeció al joven soldado el detalle y ofreció pagarle por el cuadro.
-¡Oh no, señor! Yo nunca podría pagarle lo que su hijo hizo por mí. Es un regalo.
El padre colgó el retrato arriba de la repisa de su chimenea.
Cada vez que los visitantes e invitados llegaban a su casa, les mostraba el retrato de su hijo antes de mostrar su famosa galería.
El hombre murió unos meses más tarde y se anunció una subasta con todas las pinturas que poseía.
Mucha gente importante e influyente acudió, con grandes expectativas, de hacerse con un famoso cuadro de la colección.
Sobre la plataforma estaba el retrato del hijo.
El subastador golpeó su mazo para dar inicio a la subasta.
-Empezaremos el remate con este retato del hijo. ¿Qui´´en ofrece por este retrato?
Hubo un gran silencio.
Entonces, una voz del fondo de la habitación gritó:
-¡Queremos ver las pinturas famosas! ¡Olvídese de ésa!
Sin embargo, el subastador persistió:
-¿Alguien ofrece algo por esta pintura? ¿Cien dólares? ¿Doscientos dólares?
Otra voz gritó, con enojo:
-¡No venimos por esa pintura! Venimos por los Van Gogh, los Rembrandts. ¡Vamos a las ofertas de verdad!
Pero aun así, el subastador continuaba su labor:
--¡El hijo! ¡El hijo! ¿Quién se lleva El hijo?
Finalmente, una voz se oyó desde muy atrás de la habitación:
-Yo doy diez dólares por la pintura.
Era el viejo jardinero del padre y del hijo. Siendo un hombre muy pobre, era lo único que podía ofrecer.
-¡Tenemos diez dólares! ¿Quién da veinte dólares? -gritó el subastador.
La multitud se estaba enojando mucho.
No querían la pintura El hijo. Querían las que representaban una valiosa inversión para sus propias colecciones. El subastador golpeó, por fi, el mazo:
-Va una, van dos, ¡Vendida por diez dólares!
-¡Empecemos con la colección! -gritó uno.
El subastador soltó el mazo y dijo:
-Lo siento mucho, damas y caballeros, pero la subasta llegó a su final.
-Pero ¿qué hay de las pinturas? -dijeron los interesados.
-Lo siento -contestó el subastador-. Cuando me llamaron para conducir esta subasta, me comunicaron de un secreto estipulado en el testamento del dueño. Yo no tenía permitido revelar esta estipulación hasta este preciso momento. Solamente la pintura El hijo sería subastada. Aquel que la comprara heredaría absolutamente todas las posesiones de este hombre, incluyendo las famosas pinturas. ¡El hombre que compró El hijo se queda con todo!

Autor desconocido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario