Es
muy triste el trato generalizado que se les da a las personas mayores
hoy en día. A muchos no les importan. La vejez produce rechazo. Y nos
olvidamos que algún día estaremos en sus zapatos de llegar a esas
edades.
Para
un amplio sector de la población dejan de tener valor cuando ya no son
activos productivos para nuestra sociedad. Estorban. Molestan. Son una
carga. Y aún más todavía cuando son dependientes en algún grado u otro.
Si
padecen de alguna demencia, la sensación es peor. No todos estamos
dispuestos a cuidar con amor y respeto de aquellos que nos han dado la
vida.
A
muchos no se les agradece todo lo que han hecho por nosotros. Nos
olvidamos que han sido una generación de incansables trabajadores, y que
tenemos las comodidades que tenemos gracias a ellos.
Y es una pena. Es una pena enorme ver a tanta persona mayor sola, aislada y/o abandonada.
Deberíamos
hacer un ejercicio colectivo de reflexión. Vivimos en un mundo en el
que lo viejo se descarta con una aterradora facilidad.
No
los olvidemos. No les arrinconemos. Démosles el cariño y atención que
nos gustaría recibir a nosotros de encontrarnos en su piel.
Afortunadamente también somos muchos los que no miramos hacia otro lado y decidimos caminar junto a ellos.
Diario De Un Cuidador
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