En mi opinión, uno
de los miedos de los que más cuesta desprenderse es el miedo al
silencio, porque es el miedo a quedarse a solas con uno mismo, en
silencio de ruidos o músicas o gente o distracciones que a uno le evaden
y le evitan quedarse consigo mismo y nada más que consigo mismo. Con
nadie más ni con otra cosa.
No es de extrañar ese miedo. Las
personas que no se sienten a gusto en soledad, que no tienen la
autoestima en su sitio, que se odian o se desprecian, que tienen una
relación difícil o nula con su interior, con sus emociones, con su
pasado o su presente, evitan cuanto pueden quedarse en un abandono de
todas las distracciones y mata tiempos en los que se refugian huyendo de
sí mismos.
Cuando no hay entretenimientos y una de estas
personas toma consciencia real de sí misma, siente un estremecimiento
porque sabe que lo siguiente que va a suceder es que los pensamientos
más negativos y más dubitativos y más cargados de reproches van a hacer
acto triunfal de presencia, y va a comenzar el martirio mental del que
parece que uno no puede escapar.
Todos nos hemos equivocado en
más de una ocasión, pero no nos gusta que nadie nos lo recuerde –ni
siquiera nuestra propia memoria-, y no nos gusta que los
arrepentimientos que tratamos de mantener acallados se presenten en
ruidoso tropel y sean un eco que repite sin parar todo aquello que
hicimos mal, y en el silencio se pueden presentar todos nuestros miedos
asolándonos, recordándonos que somos sus esclavos y haciéndonos creer
que no podemos eludirlos de ningún modo, y aprovechan también para
presentarse esas cosas en las que sabemos que nos tenemos que parar
algún día para revisarla, pero que las vamos aplazando de un día para
otro, y así durante años.
Así que lo que más apetece es huir de
uno mismo, o por lo menos acallar como sea esos pensamientos
inquisidores e inquisitivos que nos martirizan con sus quejas o
reproches.
Estas personas buscan mata-ratos, pasatiempos,
distracciones, inventan ocupaciones, se crean obligaciones que no son
tales, encuentran cualquier tipo de excusas que puedan justificar que no
se puede dedicar al silencio, que la contemplación de su vida es algo
que tendrá que esperar, y tal vez se atrevan a decir “que tampoco es
necesario”, “a fin de cuentas, a todos nos pasa algo”, “todos tenemos
nuestras cosas y quien no, que tire la primera piedra”, “bueno, ya se
pasará, el tiempo lo cura todo”, porque el silencio verdadero, el
silencio de contactar con uno mismo, conlleva implicación con esa verdad
que tan bien se disimula o se disfraza o se menosprecia.
Silencio es contacto ineludible con la verdad.
El silencio es un espejo que no sabe mentir.
El silencio borra el camino a las distracciones y deja una sola vía que conduce, inexorablemente, al Uno Mismo.
Uno Mismo es el centro: el motivo y el sentido de la Vida, y quien busque otra trascendencia tal vez esté equivocado.
Conviene no disfrazar o idealizar lo importante. LO IMPORTANTE es Uno
Mismo. LO IMPORTANTE es ser consciente de estar aquí y ahora. LO
IMPORTANTE es cumplir la misión de ser totalmente la realidad que uno
puede llegar a ser.
Y el silencio es la puerta de entrada a Uno Mismo.
Puerta que te invito a que abras para entrar. Y sin miedo, porque
dentro no hay monstruos ni amenazas ni enemigos: sólo estás tú.
Esperándote.
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales
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