En mi opinión, y en general, no nos prestamos la atención que nos
merecemos, no valoramos con ecuanimidad lo que somos, ni la hermosa
oportunidad que estamos teniendo al estar Aquí y Ahora –en esta
maravilla que es poder vivir- y
+ además, lo que es bastante doloroso, no nos apreciamos como nos merecemos.
¿Quién es la única persona que ha permanecido contigo a todas horas, todos los días, desde que naciste?
¿Quién se acuesta contigo todos los días, te soporta en los malos
momentos, te acompaña al retrete siempre, o te tolera sin marcharse
cuando estás de mal humor?
¿Quién está a tu lado cuando nadie te
soporta, cuando todos los demás te abandonan, en tus momentos de
tristeza, o cuando no te apetece nada?
Sólo uno mismo permanece siempre.
Desde que nació hasta que se muera.
En medio habrá relaciones que tendrán mayor o menor intensidad, que
durarán más o menos, circunstancias duras o agradables, experiencias
encantadoras y otras dolorosas, pero uno permanecerá consigo mismo en
todo momento. “Porque no hay más remedio” puede añadir algún pesimista.
“Es un verdadero placer”, dirá un vitalista.
Sólo uno permanece, y
esta frase tan elemental, tan poco atractiva y aparentemente tan
simple, es la clave para que la relación con uno mismo sea sólida, sea
amable, sea de un compañerismo irrompible, y se convierta en una delicia
que uno puede vivir continuamente.
Ya he escrito en alguna
ocasión que se me hace difícil aceptar que una persona no se lleve bien
consigo misma. Ni aún en el caso de que me aporten una retahíla de
argumentos aparentemente sólidos y justificadores, ni aunque uno haya
padecido todas las desgracias posibles y tenga de sí mismo el peor
concepto que se pueda tener; ni siquiera en el caso de que uno arrastre
un pasado desgraciado, esté viviendo un presente que aparente no tener
motivos para sentirse satisfecho de él, el futuro se proponga negro, las
calamidades le rodeen, y en cualquier otro momento de su vida haya
hecho cosas nefastas.
La vida –la de todas las personas- tiene
una maravilla y es que continuamente, a cada segundo, nos propone y nos
permite modificarla a nuestro gusto y dirigirla en la dirección que
consideremos apropiada y del modo que nos parezca correcto.
La
vida –y esto es válido para todas las vidas de todas las personas- no
está atada a nada, no es un guión inamovible. Está abierta a que uno la
administre con las reglas y maneras que considere adecuadas. Está
receptiva a los cambios, porque sólo de los cambios surge la posibilidad
de Crecimiento y Desarrollo Personal –las vidas de los que creen que ya
lo han aprendido todo y creen que lo saben todo son vidas estancadas
que pueden morir de falso éxito-, y las cosas sólo cambian en el modo
deseado cuando uno toma la decisión de hacerlo y se pone a la tarea de
hacerlo.
Y en esos momentos puede aparecer alguien que sugiera,
que ayude, que anime, que apoye, pero… ese alguien estará en su propia
vida –aunque comparta algunos momentos-, y solamente uno mismo permanece
consigo a todas horas.
Así que quien no se lleve bien consigo
mismo, que haga un ejercicio de comprensión y aceptación, y que haga una
reflexión sobre la inutilidad e inconveniencia de llevarse mal consigo
mismo y pasar toda una vida a su lado, enojado, a disgusto, y negándose
la mirada y el saludo. Y negándose el amor y la comprensión.
Quien tenga cosas pendientes de resolver consigo mismo, que deje de
esperar al Hada Madrina o al Santo Milagrero y se ponga a la tarea de
colaborar con su propia vida –o con el destino, si esto le parece más
espiritual o esotérico-y que haga lo que sea para resolver su propia
enemistad y distanciamiento.
Aunque sea por intereses más que por
amor o aceptación, y ya que es evidente que uno va a seguir consigo
mismo todo el resto de su vida, es recomendable dar los pasos necesarios
para “perdonar” todo lo que haya sucedido en el pasado, todo lo que
esté “mal” de este presente, y se haga borrón y cuenta nueva para
comenzar de cero, con el ánimo relajado, borrada la hostilidad, y con la
voluntad candente de iniciar una relación distinta.
Hay que
recordar que quien es uno en este instante de su vida no es el que hizo
lo que hizo en el pasado; hay que partir de que el pasado es inamovible,
si bien es cierto que se puede cambiar el sentimiento que se guarda de
las cosas del pasado, y lo mejor –por el propio bien- es desmontar los
adjetivos desagradables que arrastramos del pasado, borrar la mueca
seria de eterno enojado, tener la nobleza y la sabiduría de abrazarse, y
darse el gustazo de iniciar una vida sin la pesada carga de un pasado
indeseado.
No hay pecado en aquello que uno use como argumento para llevarse mal consigo mismo. El pecado es no llevarse bien.
Te dejo con tus reflexiones…
No hay comentarios:
Publicar un comentario