En mi opinión, en general desatendemos bastante la solución definitiva a
un asunto tan doloroso y que causa tan graves consecuencias como es el
hecho de permitir que nos afecten tanto las cosas con las que otros nos
ofenden.
Hay palabras, tipo insulto, que emiten otras personas
acerca de uno mismo y consiguen molestarnos y alterarnos hasta el punto
de sacarnos de nuestras casillas y encolerizarnos.
Si hay verdad
en ese insulto hay que admitirlo, puesto que tiene razón, y no darle
más importancia. Es una realidad que ya conocíamos y que, se supone,
estamos tratando de subsanar.
Si no hay verdad en su insulto y
sólo lleva la intención de hacer daño, entonces es un error nuestro
permitir que lo que es solamente una opinión del otro, que es totalmente
incierta porque exclusivamente se basa en su juicio equivocado y en su
perversa intención de dañar, si nos ofendemos estamos cayendo
ingenuamente en el juego malvado con el que pretende hundirnos.
Si nos enojamos porque nos altera con su comportamiento o sus palabras,
habrá logrado su objetivo, así que la mayor afrenta que le podemos hacer
a quien pretende lastimarnos es no permitir que nos haga daño.
Quedarnos indiferentes impidiendo que nuestro presuntuoso ego herido
muestre su ira. A fin de cuentas, conocemos nuestra verdad y es más
importante lo que sabemos nosotros que lo que opinen los demás.
Las palabras sólo tienen el valor que les queramos adjudicar (Y usaré el
tópico de siempre: la palabra cuchillo no corta, la palabra agua no
quita la sed), así que cualquier palabra que empleen contra nosotros no
es más que una sucesión de letras sin entidad y sin vida.
La
intención del otro sólo causará efecto si permitimos que lo haga. Si uno
controla sus impulsos agresivos, si desoye a su orgullo herido,
perfectamente se puede quedar impasible e indolente ante cualquier
agravio verbal por muy brutal que sea. No siempre es fácil, pero se
puede lograr.
Y la mejor respuesta al ataque de un agresor verbal es la indiferencia, sin caer en su trampa y sin seguir su malévolo juego.
También hay actos perversos que los otros pueden iniciar en nuestra
contra, y para eso no se puede generalizar una respuesta sino que cada
asunto, cada persona, y cada circunstancia, tienen sus peculiaridades.
En algunos casos se puede lograr que se diluya su efecto si comprendemos
que el otro es un ser que no está en sus plenas capacidades, que no
está bien, porque si lo estuviera no haría lo que hace, y en ese caso
sólo se merece nuestra compasión y nuestro perdón. Otros casos sí
requieren una respuesta enérgica; la dignidad de uno debe ser defendida
firmemente.
Pero no siempre se debe responder de un modo
agresivo, ni tampoco pasivo, a las afrentas. Cada una requiere su propia
respuesta y en unos casos hay que valorar el estado enajenado del otro y
en otros casos ni siquiera eso es una excusa para tolerarlo. Que cada
uno actúe en cada caso como le dicte su conciencia o los aprendizajes
extraídos de experiencias similares.
Lo que es recomendable es
aceptar que depende de uno, exclusivamente, decidir cómo quiere que le
afecten las intenciones ajenas. (Y de esto excluyo las agresiones
físicas o psicológicas, que merecen un tratamiento distinto).
Siempre se recomienda contar hasta diez –o hasta cien los que cuentan
más rápido- antes de tomar, desde una situación alterada, decisiones de
las que podamos arrepentirnos después, cuando su efecto sea ya
irreparable.
Si uno recapacita en un momento de objetividad sobre
cómo quiere comportarse en estas situaciones en futuras ocasiones
tendrá un gran trabajo adelantado para cuando surjan, que es cuando se
ha de producir una respuesta que sea acorde con nuestro deseo auténtico y
no una explosión descontrolada e inadecuada que luego nos deje una mala
sensación.
Si no lo resuelves por ti mismo, busca información
fiable o habla con alguna persona que te pueda dar su punto de vista,
pero es conveniente no dejar este asunto sin clarificar y actuar
inconscientemente cuando se presenta.
Tu enemigo no es quien quiera serlo sino quien tú aceptes como tal.
Y sólo te hiere lo que tú permites que te hiera.
Te dejo con tus reflexiones…
No hay comentarios:
Publicar un comentario