Decir una mentira o no decir la verdad para no hacer daño a una
persona o para ocultar una realidad, es algo que nos ha sucedido a todos
a lo largo de nuestra vida. Tememos hacer daño a alguien, nos
avergüenza lo que otros puedan pensar y rehusamos mostrar nuestros
sentimientos.
Pero cuando no decimos la verdad o no decimos toda la
verdad, algo en nuestro interior se retuerce, nos recuerda que no
estamos siendo honestos con nosotros mismos, sentimos que algo falla.
Quizás es igual de negativo mentir como no decir la verdad. A veces
ocultamos nuestra edad real, o nuestro nivel en un idioma, o en aspectos
más importantes como nuestros sentimientos.
“La verdad se vive, no se enseña.”
Hermann Hesse
Muchas veces tememos decir la verdad por el miedo a los que otros
puedan pensar, pero ese motivo nos puede llegar a hundir en una realidad
que no es la nuestra, nos puede convertir en una persona que no somos
realmente.
La honestidad, es una de las características básicas para
relacionarse con otras personas y es fundamental cuidarla y respetarla,
que nos distinga y nos acompañe en todos nuestros actos y palabras.
No debemos olvidar que el miedo es una emoción que nos previene frente a
una situación potencialmente peligrosa, pero como toda emoción puede
ser gestionada y controlada por nosotros mismos. Los neurocientíficos se
han preguntado si el miedo es simplemente un mecanismo de defensa
frente a alarmas psicosociales, que nos impulsa a olvidad y a ocultar lo
que sabemos que es verdad.
Decir la verdad es realmente un acto
de valentía en algunas ocasiones, es hablar con el corazón y decir lo
que realmente pensamos, no escondernos bajo falsas apariencias. Ser
valiente significa mirar a otra persona a los ojos y decirle que la
queremos, o que ya no la queremos, lograr que nuestra alma y nuestro
corazón latan al mismo tiempo ante unas palabras que surgen desde lo más
profundo de nuestro ser.
Cuando decimos la verdad nos desnudamos
ante otros, nos mostramos tal y como somos y eso puede dar miedo, pero
no es posible ocultarse durante mucho tiempo bajo capas falsas, bajo
apariencias inventadas.
Si te equivocas pide perdón
Todos
hemos cometido errores a lo largo de nuestra vida al intentar proteger a
otra persona, por ejemplo, y hemos ocultado la verdad, pero de alguna
forma, la verdad siempre se acaba conociendo y nuestro error se sabrá.
En esos casos, pide perdón, sé honesto y lograrás sentirte reconfortado y
valorado.
Equivocarse es humano, se hace sin intención, y lo único
que debemos lograr es aprender la lección y evitar que ocurra de nuevo.
Se trata de reflexionar sobre lo ocurrido y ser honestos con nosotros
mismos y con los demás.
Un estudio realizado por investigadores
de la Universidad americana de Notre Dame puso de manifiesto que la
media de mentiras que verbalizaban los americanos por semana es de 11
mentiras. Durante 10 semanas analizaron las respuestas de 110 personas
ante ciertas situaciones. La mitad de las personas fueron entrenadas
para decir menos mentiras, y ese grupo fue el que, según la profesora de
psicología Anita E. Kelly, presentó mejoras en su salud. Estas mejoras
consistieron en una menor tensión y un número de cefaleas y dolores de
garganta también inferiores.
Por lo general las personas
mentimos por tres razones, para adaptarnos a un ambiente hostil, para
evitar castigos y para conseguir premios o ganar algo. Por ejemplo, a
veces hay personas que mienten sobre alguna habilidad profesional para
conseguir un trabajo, por lo que se miente para lograr un premio, otras
veces, las personas mienten cuando se sienten atacadas, para lograr ser
aceptadas.
“La verdad existe Sólo se inventa la mentira.”
No
debemos olvidar que las mentiras tienen una relación directa con la
autoestima. Mentimos cuando nuestro ego se ve amenazado o cuando
queremos sacar provecho de una situación. En este contexto la mentira es
un mecanismo de defensa, un arma para la supervivencia. Pero en todos
los casos, hay que diferenciar quienes sienten culpa y remordimiento y
quienes no sienten nada y acaban creyendo en su propio engaño.
No
debemos olvidar que lo que ocultamos, lo que no decimos, siempre saldrá
a la luz de una forma o de otra. La verdad siempre encuentra un camino
para hacerse real, para manifestarse, porque es la verdad la que
satisface al alma, la que la enaltece y la hace ser libre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario