En mi opinión, el asunto del orden no se está valorando tal como lo requiere.
Es algo que se mira como si no tuviera nada que ver con cada uno de
nosotros y que cada uno lo lleva como puede o como quiere. Y nos podemos
encontrar desde el más caótico y desesperante de los desórdenes hasta
el más maniático y obsesivo orden.
Esto hay que entenderlo MUY
BIEN porque es MUY IMPORTANTE: el orden externo refleja el orden interno
y el desorden externo refleja el desorden interno. (Esto es válido para
todos excepto para los obsesivos del orden que pueden entrar
directamente en la “anormalidad”).
Más allá de las
justificaciones que aludan a que uno aprendió a ver el desorden como
algo habitual, a no darle importancia, que no le parece mal y por eso no
se preocupa por ello, está la realidad de que “como es adentro es
afuera”. Así es como dice una de las llamadas leyes de correspondencia
del budismo.
Hay una prueba muy básica y fácil de comprobar.
Cuando uno se harta del desorden que ha causado y está viendo a su
alrededor y se pone a la tarea de colocar todo bien y en su sitio, queda
a la vista una sensación agradable de equilibrio y armonía y se siente
una especie de buena energía inclasificable y una indescriptible
sensación de bienestar.
Si en tu vida hay orden, y en tus cosas hay orden, y en tu casa hay orden, vivirás mejor un estado de tranquilidad y armonía.
Si en tu vida hay desorden, y en tus cosas hay caos y abandono, y en tu
casa todo está desorganizado, eso te hará sentir desgana para ponerte a
arreglarlo –y lo mismo te pasará para las cosas de tu interior- y lo
aplazarás hasta el momento en que ya sea realmente insoportable, pero
mientras estarás viviendo en la zozobra interna, sabiendo que tienes que
hacer arreglos –tanto adentro como afuera- mientras la dejadez te
invita al abandono, la pereza te propone el desánimo, y tú te dejas
llevar inconmovible, sin reaccionar.
Las personas ordenadas
internamente cuando se ven rodeados de caos se intranquilizan. Sienten
que algo no va bien. No hay concordancia entre su interior y su
exterior. Resulta complicado sentirse sereno y en paz si uno está
rodeado por el desorden.
Se puede asegurar –con todas las
probabilidades de que sea cierto- que conseguir un orden exterior puede
ser un primer paso para comenzar el cambio interno que uno se propone o
está buscando.
Cuando hablo de orden/desorden no me refiero
exclusivamente a las cosas de la casa o el trabajo. También hablo del
desorden en una relación de cualquier tipo –familiar o laboral- ya que
cualquier cosa que le produzca a uno inquietud impedirá que la paz se
manifieste por completo. Lo habrás comprobado en alguna ocasión: cuando
tienes algún problema con otra persona eso te crea una inquietud que te
impide estar plenamente en paz. Soluciona ese conflicto y habrá armonía
dentro de ti.
Si tienes tareas pendientes, hazlas, porque hasta
que no lo hagas un pensamiento silencioso –pero efectivo- estará
incordiando a tu conciencia hasta que las hagas. Aunque el caos sea
interior, es bueno resolver primero el exterior: eso te facilitará las
cosas. Eliminarás ese bloqueo que te impide ordenarlo y ordenarte.
Despejarás el pensamiento y te podrás centrar en lo que te importa. Lo
que hagas afuera se reflejará en tu interior.
Te invito a que pruebes todo lo escrito. Notarás su efecto.
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales
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