viernes, 1 de julio de 2022

HABLEMOS DE LA MUERTE 4ª Parte (Por José Miranda)

 

 Hola queridas gentes, hoy voy a rematar el tema que aún tenemos en cuestión y que posíblemente este resultando un tanto pesado, pero son tantas las cosas que se me ocurren en relación al fenómeno en sí, que cuesta dar por terminado, a mi parecer nos sería de ayuda el conocer de forma objetiva la esencia y finalidad de lo que expresa la palabra "muerte".

 En la 3ª parte se habló de la vida humana y la vida espiritual, decíamos que como humanos necesitamos vivir muchos días, semanas, meses y años para aprender y asimilar lo que nos ofrece una existencia o vida humana.

 Y como Seres espirituales se necesita vivir muchas existencias en la condición de humanos para adquirir todos los conocimientos y capacidades que solo en los mundos físicos se pueden adquirir y que son parte esencial de nuestra "formación espiritual".

 Y ahora, apoyados en la base filosófica que hemos creado a lo largo de la 1ª, 2ª, 3ª parte, hablemos pues de nuestra querida “muerte”, analicemos de qué se trata, y lo que nos ofrece.

Analicemos su función y efectos, no solo en el “reino animal”, porque al ser el fenómeno que rige y controla todos los procesos de cambio que conducen hacía el progreso, está presente y actúa en toda La Creación, aunque de diferente forma según cada caso.
 
Yo he presenciado su actuación en muchas ocasiones, pero hubo dos de ellas, que me dejaron muy claro lo necesaria que puede llegar a ser en ocasiones puntuales.
La primera de estas dos fue en la persona de mi madre, padecía alzheimer en muy avanzado estado, no podía comer ni beber, no conocía a nadie, y poco a poco se le fueron encharcando los pulmones, y durante unos cuantos días, estuve presenciando una agonía lenta y de alto grado de padecimiento, yo le pedía a diario a Dios que la liberara de aquella situación y posible sufrimiento, yo llamaba a la muerte para que viniera a liberar a mi madre de aquella pesadilla, y cuando vino y la liberó, agradecí en gran manera su actuación.
 
La segunda fue con mi padre, padecía cáncer de pulmón, y no nos enteramos hasta quince días antes de su muerte, y cinco días antes le dio una embolia cerebral y le quedó medio cuerpo paralizado, él oía pero no podía hablar, y se iba asfixiando poco a poco, los pulmones también se le encharcaron, y al final murió por asfixia a pesar de tener el oxígeno de continuo, yo estuve a su lado y presencié como se iba asfixiando sin poder hacer nada, y lo único que pude hacer a favor suyo, fue pedirle a los doctores que le evitaran todo el sufrimiento posible por cualquier método, y en esta ocasión también llamé a la muerte en muchas ocasiones, hablé con Dios, y le pedí que por amor enviara la muerte y liberara a mi padre de aquella agonía tan aparentemente dura de soportar.
 
En estas dos ocasiones la muerte significó, el Ángel Liberador, y esto que acabo de exponer, solo son dos ejemplos, pero nos vale para comprender lo necesaria que es su actuación llegado el caso.
  
Hay casos en los que no podemos llegar a entender su actuación, como en los casos de niños o personas jóvenes, con otras personas a su cargo etc., pero yo estoy seguro de que todo cuanto acontece, tanto si lo entendemos como si no, esta bajo el control de la ley de acción y consecuencias, y supervisado por el Amor y la Justicia Divina, todo obedece a alguna necesidad que sin duda obrará a favor de alguna causa.

 Hay un dicho que dice: para morir solo se necesita estar vivo, desde el momento en que llegamos a este mundo, la muerte camina al lado nuestro, ella está en nosotros, porque es el extremo opuesto al nacimiento, el nacer y el morir van juntos, no se pueden separar, démosle un boto de confianza, ofrezcámosle una sonrisa, y si puede ser, un cariño, el león no es tan fiero como lo pintan.

 Dios ama demasiado a sus criaturas, jamás se le ocurriría hacerles pasar por situaciones de sufrimiento y dolor de forma innecesaria, y mucho menos hacerlas desaparecer, o negarle nuevas oportunidades de aprender a vivir la vida en felicidad y armonía.

El nos trae a este mundo, y nos lleva, nos vuelve a traer, nos vuelve a llevar, una y otra vez, y las veces que hagan falta para nuestra formación espiritual, pero para hacernos desaparecer de aquí, tiene que aplicarnos una ración de “muerte”, para llegar al otro mundo, nos aplica otra ración de “nacimiento”, después volvemos a necesitar venir de nuevo aquí, y para dejar el otro mundo, nos aplica otra ración de “muerte”, y para llegar de nuevo aquí, otra de “nacimiento”, después nos toca la de “muerte de nuevo, y así sucesivamente vamos yendo de aquí para allá, y de allá para aquí, “muerte” va, “nacimiento” viene, y la verdad es que yo no veo que la cosa sea tan trágica como la pintan, no veo el porqué hay que tenerle ese miedo, é incluso pánico, cuando nos toca “patearla” se “patea” y punto, y si toca nacer, pues nacemos, y otra vez punto. ¡Ya esta bien de tanto dramatizar!.
 
En muchas ocasiones hemos afirmado que la vida es una escuela de autorrealización, y pregunto, ¿Qué hacemos cuando ingresamos en la escuela?.
Salimos de casa y vamos a la escuela, salimos de la escuela y volvemos a casa, pero como con una sola clase no es suficiente, volvemos a salir de casa y vamos de nuevo a la escuela, y como no nos podemos quedar para siempre en la escuela, volvemos a salir de la escuela y para casa, si al hecho de salir de casa o del colegio le llamáramos “muerte”, y el llegar a casa o al colegio la llamáramos nacimiento, la única diferencia entre la escuela espiritual y la terrenal, sería el tiempo, una se desarrolla en la etapa de aprendizaje de una vida humana, y la otra está fuera del tiempo porque corresponde a las cuestiones del Ser, y el Ser es eterno.
 
Os invito a la reflexión acerca de estos conceptos, nunca tengamos miedo por algo que forme parte de la naturaleza, Dios es Amor y todo cuanto hace es bueno, y para bien de sus hijos y criaturas, ¿Inventarías tú algo para dañar o hacer padecer a tu propio hijo?, mucho menos lo haría un Dios, que lleva mucho mas tiempo por estos y otros mundos, y por lógica debe de saber y amar mas que todos nosotros juntos.
 
Si vemos que la muerte se nos acerca, saludémosla amistosamente, estaría bien invitarla a dar un paseo, e intentar conocerla, pero no nos entreguemos a ella hasta que llegue el momento, tal vez en ella reconozcas al amigo que en muchas ocasiones nos acompañó, si es así, démosle un voto de confianza, la cosa no es para tanto, es lo que opina el que asegura no saber quien es, ni falta que le hace, pero en esta ocasión le llaman José Miranda, aquí el menda. Saludos.

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