Cuántos
discípulos se quejan: «No comprendemos: junto a un Maestro todo se
vuelve fácil, pero cuando estamos lejos, todas las complicaciones
vuelven a empezar». Pues bien, ¿por qué sucede esto? Es sencillo de
entender. Si las dificultades comienzan cuando están lejos, significa
que no debían alejarse, no debían abandonar a su Maestro.
Dejarlo físicamente, evidentemente es necesario, es preciso que cada quien regrese a su casa. Es
en su cabeza que los discípulos no deben abandonar a su Maestro. Pero he
ahí que en su cabeza, de golpe el primer aparecido toma su lugar, el
Maestro es despedido y, claro, ya no puede hacer nada. No hay nada de
sorprendente en el hecho de que las cosas se vuelvan súbitamente tan
difíciles: sucede sencillamente porque el Maestro ya no se encuentra
allí. Sin darse cuenta de ello, el discípulo ha encontrado a alguien o
algo diferente para reemplazarlo.
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