Si
los hombres y las mujeres supieran dosificar las manifestaciones de su
amor, podrían amarse eternamente. En vez de eso, comienzan desde el
principio a bombardearse con miradas, sonrisas, besos, etc., y poco
tiempo después, ya no se aman.
Para
mantener toda la vida buenas relaciones los unos con los otros, deben
guardar la mesura. De lo contrario, ni siquiera con las mejores personas
del mundo las buenas relaciones pueden durar. Terminan separándose
porque han abusado: han comido demasiado, se indigestaron, y se
rechazan. Se trata aquí de sutilezas psicológicas que es necesario
conocer para salvaguardar una amistad, un amor.
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