Si
ustedes hablan sin reflexionar, sin pesar sus palabras, se parecen al
hombre que se divierte lanzando cerillas encendidas por todas partes a
su paso. Naturalmente, esto provoca incendios, y luego incluso si
ustedes se excusan: «Oh, no quería decir esto, lo siento», es demasiado
tarde, ya a su alrededor las casas se queman, están en cenizas. Y he ahí
cómo ustedes ayudan a las fuerzas tenebrosas en sus empresas de
destrucción.
El
ser humano nunca es suficientemente consciente de los daños que puede
causar con la palabra. Si ustedes buscan el origen de los malentendidos,
de las discordias, de los conflictos entre los humanos, verán que en la
mayoría de casos es la palabra: alguien ha hablado a tontas y a locas,
sin propósito determinado, por el placer de hablar, para hacerse el
interesante...
En
adelante, traten de vigilar lo que dicen. Cuando tengan que hablar,
háganlo con la intención de hacer mejor a los seres que los escuchan, de
iluminar su inteligencia, de calentar su corazón, y sobre todo de
dirigir su voluntad al servicio de un ideal sublime.
Omraam Mikhaël Aïvanhov
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