En ocasiones existen hilos invisibles que nos conectan de manera
especial con determinadas personas. Puede que apenas tengamos relación
con ella, o que solo la hayamos visto en contadas ocasiones... Sin
embargo, nuestro Ser reconoce instantáneamente algo en esos ojos, en esa
mirada, en esa voz, en esa presencia... Por un momento todo cambia y
nos sentimos transportados a otra dimensión, sin saber muy bien qué está
ocurriendo o el porqué de nuestras reacciones.
Aunque el ego desee
interferir y racionalizar el encuentro, no hay racionalización posible:
la sensación no engaña; el Ser no se equivoca. Definitivamente hay
"algo" en esos ojos. Una luz reconocible y familiar. Y esa otra persona,
aun callada e inconsciente, nos habla con su esencia. Nos confirma que
"sí", que no nos equivocamos. Sus ojos físicos parecen mirar a otra
parte, pero los ojos de su alma permanecen absortos en los nuestros. No
se trata de un simple encuentro, sino de un reencuentro. Tal vez un
reencuentro fugaz, de solo unos segundos, pero reencuentro al fin y al
cabo.
Luego vendrá el
tiempo, y el ego, y la rutina de la vida... Pero irremediablemente queda
"algo" en nosotros. Sabemos (nuestra alma lo sabe) que no fue casual. Y
que, por más que deseemos ver una luz idéntica en los ojos de otra
persona, nada volverá a ser lo mismo. Quizá en otra época, o en otra
dimensión... Quizá en esta misma vida. Pero ambos, sin importar el
camino que hayamos decidido tomar, sabemos que volverá a producirse el
reencuentro.
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Javier López Alhambra
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