Tardé bastante en darme cuenta de que mi opinión y mi percepción de la realidad eran perfectamente válidas. Me costó mucho autorizarme a mí mismo, dar el paso de expresarme y de exponer mi mundo tal y como lo siento. A pesar de que moleste, de que no guste, o de que incomode a otras personas. Esto último es normal, y es parte del proceso. Pero aceptarlo libera, y le da a uno una perspectiva más amplia.
¿Quieres la “verdad absoluta”? Aquí no la vas a encontrar. Es más, no creo que la encuentres en ningún lugar, aunque para tu ego sea cómodo creer que ya llegaste o que ya lo sabes todo. Mi alma te invita a reflexionar, a ampliar tu punto de vista, a hacerte preguntas incómodas, a pensar por ti mismo, a autoconocerte, a mirar en tu interior, a darte tu propio valor… A partir de ahí, tú mismo. Permiso para pensar o creer lo que quieras. Tú decides si sigues la estela del barco ilusionante y que avanza en un mar de olas inquietas sin tener todas las certezas o si te quedas en el barco que permanece anclado en el puerto seguro, donde nada cambia y todo es rígido, “perfecto” y rutinario… Las dos opciones son lícitas, aunque puedes hacerte esta pregunta: “¿Cuál de ellas me aportará un mayor crecimiento personal?”.
Y no se trata de que pienses como yo. Se trata simplemente de que pienses. De que conectes. De que seas TÚ pensando (y no tus programaciones). De que no pienses de cara a la galería, sino PARA TI. Y que los demás lo sepan. Que te vean. Que te escuchen… ¿Para qué estás aquí? ¿Para esconderte? Qué triste entonces… Sal. Sal afuera. Desenrédate de la maraña de hojarasca en la que estabas atrapado y pon tu cara al sol. Reconoce tu luz. Reconoce tu poder. Reconoce tu auténtico valor.
Javier López Alhambra
No hay comentarios:
Publicar un comentario