¿Qué es el amor? Es algo que viene de la experiencia. Es un
sentimiento, hay que experimentarlo con el corazón, con la mente para
saber qué es.
Esta experiencia tiene dos partes: la primera es la
de recibir el amor y ser amado. La segunda es la de dar el amor y ser
amante.
Nuestra experiencia tiene ambas partes pero hay una amplia gama de las diferentes calidades del amor.
En el ámbito espiritual, no existe la relación de dar y recibir, el
amor está enfocado hacia el objeto de amor pero no está relacionado con
lo que es ese objeto de amor.
Si queremos que nuestro amor sea
incondicional tenemos que ir a la esencia y preguntarnos ¿Quién es este
ser como alma? sin considerar condiciones como cuál es su color de piel,
su estado social, etc.
Si podemos quitar estas condiciones, no
fijarnos en estos aspectos y poder apreciar la belleza o demostrar amor
siempre y cuando yo esté lleno de amor eso será un amor incondicional.
El amor de Dios es incondicional, es eterno. El alma es amada por Dios
eternamente sin importar quién fue, quién es y quién va a llegar a ser.
Debo sentirme yo lleno del amor de Dios para poder darlo, para poder emanarlo de forma natural.
.Cuando el ser empieza a investigar dentro de sí mismo se da cuenta de
que, en realidad, le gusta sentir amor tanto para él como para los
demás.
A menudo tenemos la tendencia a buscar razones por las cuales nos podemos amar.
Pero, para ser amor debo ser muy consciente de lo que soy fuera de todo lo que tengo.
Entrar adentro de la flor de nuestra propia identidad para sentir
quiénes somos parece fácil, pero no podemos quedar pegados en los
pétalos, en la identidad de lo que creemos que somos.
Por eso la
identidad espiritual, la capacidad de realmente ser, vivir y
experimentar lo que verdaderamente yo soy es lo que nos va a permitir
empezar a desarrollarnos de otra manera.
Debemos dejar los pétalos de lo que creemos que somos y ser una rosa tan abierta que se le caigan esos pétalos.
Usualmente, para poder sentir amor necesito enfocarlo hacia una persona
porque esa persona me llama, me gusta pero esa situación es un poco
egoísta.
Es como si adentro de la fórmula de nuestro amor en vez de
que este amor emane de mi ser es un amor que esta atraído por alguien,
por algo que despierta en mí un bienestar.
Este ser que empiezo a
querer o a necesitar empieza a ser una relación de necesidad y esto es
de lo más grave del amor condicional.
Estamos mutuamente amarrados y esto se llama apego. En nuestra civilización apego y amor es lo mismo, pero son muy distintos.
Sin embargo, vivimos en un mundo condicional y hemos aprendido a amar
condicionalmente, hemos heredado de los otros las condiciones, la
ausencia de libertad.
El amor de Dios es maravilloso pero
debemos revisar las condiciones de mi propio amor hacia mí mismo porque
si todavía condiciono el amor a mí mismo no voy a poder sentir el amor
de Dios.
Cuando hay amor se pierde la noción del límite, se funde
uno en el otro, se mezcla. Uno pierde la noción del tiempo, del hambre,
del cuerpo.
Con Dios la forma mas mágica de curar al ser, al alma es poder entrar en esta comunicación, en esta fusión.
Si el alma logra acercarse de tal forma que se siente compenetrada con
él eso tendrá un gran impacto y es ese impacto es el que sana de las
ilusiones, de los espejismos y engaños.
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