sábado, 17 de diciembre de 2022

SOBRE EL ESPÍRITU MÁGICO DE LA NAVIDAD (según José) 2ª Parte Por José Miranda)

 

Viene de la 1ª parte.      En lo que se refiere a sentimientos negativos, mal querencias, etc., al comenzar de cada año hay que empezar de cero, y al final de año, uno de los muchos significados de la Navidad es cerrar el año también a cero.
 
Cada año es un ciclo de vida independiente, y dentro del mismo hay todo cuanto debe de haber, según nuestras necesidades y capacidades, si las cargas pesadas de este año, no las resolvemos para quedar a cero, el año siguiente iremos sobrecargados porque portamos lo del año actual, más lo pendiente del anterior.
 
Los problemas de relación con nuestro prójimo, y sobre todo con las de nuestro cercano entorno, suponen unas de las más pesadas cargas, y un enorme gasto de muchos tipos de energía, porque nos producen luchas internas por sentimientos molestos y encontrados, porque por un lado las quieres, y por otro hay algo que no toleras y te produce desarmonía o malestar, y para poder dar solución favorable a todos estos tipos de problemas, y quedar en paz, necesitamos una ayuda del Amor y la Sabiduría Divina, y esa ayuda nos la brinda nuestro querido Espíritu Mágico de la Navidad, y creo que esta es una parte de la misión que nuestro querido Espíritu trae con motivo de su visita.
 
La navidad, según el calendario oficial, empieza el veinticuatro de Diciembre, pero la preparación para la misma, debe de empezar mucho antes, el veinticuatro es cuando se dice que nace el Hijo de Dios, y hemos de estar preparados para recibirle, y según pienso y siento, esa preparación debe de consistir en limpiar nuestro corazón de todo tipo de sentimientos negativos y de mal querencia que hayamos creado y albergado por los motivos que sean, el mal sentir y el mal querer, es el resultado de conceptuar y enjuiciar bajo la influencia del error, la incomprensión y el egoismo en sus múltiples y diversas maneras.
 
Todos los conceptos y enjuiciamientos deben contar con la colaboración en equilibrio de la mente y el corazón, (o del alma y el espíritu), la mente esclarece los hechos, y el corazón pone ese toque de amor que nos permite sentir a los demás, como la prolongación de nosotros mismos, y comprender su situación y motivos por los que actúa de la forma en que lo hace, y cualquier veredicto debe de significar un acto de compensación a favor de la fraternidad, equilibrio y armonía, y en ningún caso un castigo.
 
Confieso que yo no estoy muy puesto con los simbolismos de los acontecimientos navideños, pero entiendo que cuando las cosas son como son, debe de existir alguna razón que las avale.
 
Entiendo que el acontecimiento central, o más significativo, es el nacimiento de Jesús de Nazarét, el Maestro del Amor y la Verdad, o el Hijo de Dios.
 
Según la historia, debería de nacer en un pesebre situado en un establo, pero en estos tiempos ni hay pesebres ni establos, y aunque los hubiera, creo que deberíamos recibirlo en nuestras casas, y mejor aún, en nuestros corazones, si le hacemos un huequito en nuestro cálido corazón, sería todo un detalle, y de seguro que con sus vibraciones de Amor y Sabiduría, tan dentro de nosotros, ganaríamos mucho como personas.
 
Por eso la necesidad de reflexión y análisis, de perdonarnos y perdonar,(pero de verdad) de pagar al que debamos, de disculparnos ante quien hallamos ofendido, y si no es mucho pedir, ser comprensivos y amables con el prójimo, si así obramos, es uno de los mejores regalos para nuestro prójimo, y también para nosotros, y nuestro corazón quedará limpio y preparado para servir de morada a Ese Niño al que llevábamos todo un año esperando.
 
Pero si no limpiamos nuestro interior de pensamientos y sentimientos negativos y ruines, no podemos pretender que Dios permita que su Hijo venga a nosotros, porque lo dañaríamos con nuestra maldad y suciedad, y sus energías de Amor, Pureza, Bondad, etc., al ser contrapuestas a las nuestras, entrarían en confrontación, y todos saldríamos perjudicados.
 
Una vez más, recordemos aquellas frases que decía cuando predicaba, “bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios”.
 
La navidad como evento interno no es negocio, no mueve el mercado, la sociedad de consumo, con sus programas de propaganda sabiamente y astutamente diseñados, para hacer que resulte rentable, tiene que enfocar, todo lo que conforma la navidad en otro sentido, es decir, convertirlo en “evento externo”, donde entran en juego las competencias, las modas, las celebraciones populares donde hay que comer, beber, vestir y alternar como manda lo estipulado, donde lo que cuenta es el cómo, y no el porqué, la forma, y no el fondo.
 
La navidad como evento orientado al crecimiento personal, priorizando lo interno, apenas produce gasto económico, ni necesita demostraciones de poderío, ni competencias absurdas para ver quien come mejor, quien viste mejor, quien asiste a aquellos eventos exclusivos, y en resumen, todas las acciones orientadas a destacar para llamar la atención y sentirnos por encima de otros.
 
La navidad es como una evaluación práctica, que nos brinda la oportunidad de ejercer la caridad, el compartir, y reconocer que todos somos hijos de Dios, y hermanos entre sí, y aunque se guarden las distancias que son de guardar, no debemos de crear otro tipo de distancias que generen entre nosotros sentimientos de separatismo, rivalidades, etc.
 
Continúa en la 3ª Parte  Saludos.

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