Viene de la 1ª parte. En
lo que se refiere a sentimientos negativos, mal querencias, etc., al comenzar de cada
año hay que empezar de cero, y al final de año, uno de los muchos
significados de la Navidad es cerrar el año también a cero.
Cada
año es un ciclo de vida independiente, y dentro del mismo hay todo
cuanto debe de haber, según nuestras necesidades y capacidades, si
las cargas pesadas de este año, no las resolvemos para quedar a
cero, el año siguiente iremos sobrecargados porque portamos lo del
año actual, más lo pendiente del anterior.
Los
problemas de relación con nuestro prójimo, y sobre todo con las de
nuestro cercano entorno, suponen unas de las más pesadas cargas, y
un enorme gasto de muchos tipos de energía, porque nos producen
luchas internas por sentimientos molestos y encontrados, porque por un lado las
quieres, y por otro hay algo que no toleras y te produce desarmonía
o malestar, y para poder dar solución favorable a todos estos tipos
de problemas, y quedar en paz, necesitamos una ayuda del Amor y la
Sabiduría Divina, y esa ayuda nos la brinda nuestro querido Espíritu Mágico
de la Navidad, y creo que esta es una parte de la misión que nuestro querido
Espíritu trae con motivo de su visita.
La
navidad, según el calendario oficial, empieza el veinticuatro de
Diciembre, pero la preparación para la misma, debe de empezar mucho
antes, el veinticuatro es cuando se dice que nace el Hijo de Dios, y hemos de
estar preparados para recibirle, y según pienso y siento, esa
preparación debe de consistir en limpiar nuestro corazón de todo
tipo de sentimientos negativos y de mal querencia que hayamos creado
y albergado por los motivos que sean, el mal sentir y el mal querer,
es el resultado de conceptuar y enjuiciar bajo la influencia del
error, la incomprensión y el egoismo en sus múltiples y diversas
maneras.
Todos
los conceptos y enjuiciamientos deben contar con la colaboración en
equilibrio de la mente y el corazón, (o del alma y el espíritu), la
mente esclarece los hechos, y el corazón pone ese toque de amor que
nos permite sentir a los demás, como la prolongación de nosotros
mismos, y comprender su situación y motivos por los que actúa de la
forma en que lo hace, y cualquier veredicto debe de significar un
acto de compensación a favor de la fraternidad, equilibrio y armonía, y en ningún
caso un castigo.
Confieso
que yo no estoy muy puesto con los simbolismos de los acontecimientos
navideños, pero entiendo que cuando las cosas son como son, debe de
existir alguna razón que las avale.
Entiendo
que el acontecimiento central, o más significativo, es el nacimiento
de Jesús de Nazarét, el Maestro del Amor y la Verdad, o el Hijo de
Dios.
Según
la historia, debería de nacer en un pesebre situado en un establo,
pero en estos tiempos ni hay pesebres ni establos, y aunque los
hubiera, creo que deberíamos recibirlo en nuestras casas, y mejor
aún, en nuestros corazones, si le hacemos un huequito en nuestro
cálido corazón, sería todo un detalle, y de seguro que con sus
vibraciones de Amor y Sabiduría, tan dentro de nosotros, ganaríamos
mucho como personas.
Por
eso la necesidad de reflexión y análisis, de perdonarnos y
perdonar,(pero de verdad) de pagar al que debamos, de disculparnos
ante quien hallamos ofendido, y si no es mucho pedir, ser
comprensivos y amables con el prójimo, si así obramos, es uno de
los mejores regalos para nuestro prójimo, y también para nosotros,
y nuestro corazón quedará limpio y preparado para servir de morada
a Ese Niño al que llevábamos todo un año esperando.
Pero
si no limpiamos nuestro interior de pensamientos y sentimientos
negativos y ruines, no podemos pretender que Dios permita que su Hijo
venga a nosotros, porque lo dañaríamos con nuestra maldad y
suciedad, y sus energías de Amor, Pureza, Bondad, etc., al ser
contrapuestas a las nuestras, entrarían en confrontación, y todos
saldríamos perjudicados.
Una
vez más, recordemos aquellas frases que decía cuando predicaba,
“bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a
Dios”.
La
navidad como evento interno no es negocio, no mueve el mercado, la
sociedad de consumo, con sus programas de propaganda sabiamente y
astutamente diseñados, para hacer que resulte rentable, tiene que
enfocar, todo lo que conforma la navidad en otro sentido, es decir,
convertirlo en “evento externo”, donde entran en juego las
competencias, las modas, las celebraciones populares donde hay que
comer, beber, vestir y alternar como manda lo estipulado, donde lo
que cuenta es el cómo, y no el porqué, la forma, y no el fondo.
La
navidad como evento orientado al crecimiento personal, priorizando lo
interno, apenas produce gasto económico, ni necesita demostraciones
de poderío, ni competencias absurdas para ver quien come mejor,
quien viste mejor, quien asiste a aquellos eventos exclusivos, y en
resumen, todas las acciones orientadas a destacar para llamar la
atención y sentirnos por encima de otros.
La
navidad es como una evaluación práctica, que nos brinda la
oportunidad de ejercer la caridad, el compartir, y reconocer que
todos somos hijos de Dios, y hermanos entre sí, y aunque se guarden
las distancias que son de guardar, no debemos de crear otro tipo de
distancias que generen entre nosotros sentimientos de separatismo,
rivalidades, etc.
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