Podemos observar como los árboles sueltan todas sus hojas quedando al
desnudo y después se maquillan con su verde follaje y sus rojos o
amarillo frutos.
La serpiente hace igual en un instante abandona su
piel y luego luce otra más esplendorosa, lo mismo hace el águila desde
la cima de la montaña, cambia su plumaje, se transforma en una
apariencia más joven.
El camaleón, cambia de color unas veces verde, otra marrón, mas tarde rojo y así sucesivamente en su diario existir, es una
verdad escrita en la naturaleza. Cada especie natural se transforma de
acuerdo a la ocasión al suceso de la evolución, nadie más lo hace por
ella, son únicas.
El humano no está exento a ese gran oasis mutante
interior, si puede transformarse en un instante de un modo apacible a
uno agrio, de pronto ríe y de pronto llora o está lleno de rabia, es
invariable en su estado diario de vivir, involuciona en esos cambios que
no son del alma, no son de su ser; se llena de lo que no es. La
auténtica transformación resulta de si mismo, de su mundo interior con
ello sostiene la luz, resplandece más su esencia, suelta, desprende,
abandona ya todo lo viejo que no es más qué el cúmulo de ideas,
pensamientos, sentimientos etc vacíos que lo llevan ciego por la vida,
como murciélago sostenido en una cueva oscura, en una pared fría. Nadie
va hacer por ti lo que es tu hacer, la transformación es personal y un
espectáculo natural, no para mostrar el ego es para reflejar la grandeza
del amor, del alma, de ser interior. Transformarte es un proceso
natural. Es parte de nuestra naturaleza.
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