El bien y el mal están consagrados los dos a hacer girar la rueda de la vida. Si solo el bien existiera, la rueda no giraría. Sí, el bien no es capaz de hacer el trabajo si el mal no le da una mano. Ustedes dirán que el mal es una fuerza contraria... Pero precisamente, ¡tiene que ser contraria!
Observen este simple gesto: cuando quieren tapar o destapar una botella, se sirven de sus dedos y estos trabajan en sentido inverso: uno empuja en una dirección, el otro en la dirección opuesta, y de esta forma los dos logran hundir o quitar el corcho. Este trabajo de las fuerzas contrarias lo tenemos ante los ojos diariamente, y debemos detenernos allí para reflexionar acerca de él.
Omraam Mikhaël Aïvanhov
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