En
mi opinión, es muy posible que todos hayamos oído en nuestro interior
un reproche parecido a eso de “todo lo hago mal”, reproche que incluso
se ha repetido varias veces, siempre desde un estado de frustración y
dolor, siempre con ese tono agrio de las recriminaciones agresivas, y
siempre sin ser verdad del todo. Es muy difícil hacerlo TODO y SIEMPRE
mal.
Es imposible hacerlo todo y siempre mal.
Afirmar –irresponsablemente- eso de “todo” conlleva el peligro de que
uno mismo acabe creyéndoselo y sacando la conclusión equivocada de que
toda su vida es un continuo error y que por lo tanto no queda lugar para
algo positivo o algo bueno.
A
lo largo de la vida uno tiene tiempo y ocasiones para hacer muchas
cosas bien y también alguna mal. Lo que pasa es que nos fijamos más en
éstas últimas.
No
es correcto usar habitualmente, y sobre todo en los casos que no es del
todo cierto, esas palabras categóricas, cortantes, que no dejan opción
ni siquiera a una remota posibilidad de que sea de otro modo, que es lo
que pasa cuando uno dice o piensa “TODO lo he hecho mal”, “NADIE me
quiere”, “SIEMPRE me pasa a mí todo lo malo”, “NUNCA tengo suerte”, etc.
En
nuestro interior eso se queda grabado como si fuese cierto y se actúa
de acuerdo con ello, de modo que uno puede creer en la idea de que “TODA
su vida está mal” –y no es cierto, sólo algunas cosas pueden estar del
modo no deseado- y su Autoestima puede quedar convencida de que,
efectivamente, uno no vale y no hay cosas buenas en su vida.
Todos
tenemos desaciertos en algunas cosas porque no estamos impecablemente
preparados para afrontar las cosas que nos pasan en la vida, así que
actuamos en muchas ocasiones desde nuestra mejor voluntad, pero cuando
los resultados no son los deseados nos exigimos y nos tratamos –nos
maltratamos- como si fuésemos expertos.
Nos
falta auto-respeto. Nos falta tacto en la relación con nosotros. Nos
falta Amor Propio. Nos acusamos de cosas de las que no somos del todo
culpables.
Es
conveniente que seamos objetivos con la gravedad –o no- de las cosas y
que antes de emitir esa sentencia inapelable en la que englobamos las
cosas o los hechos como todo, nada, nunca, siempre, y otras similares, y que midamos correctamente la realidad de los hechos, la verdad.
Ese
“todo lo he hecho mal” que uno puede acabar pensando o diciendo
conviene eliminarlo del auto-concepto; conviene saber qué es exactamente
lo que se ha hecho de un modo inadecuado y tomar buena nota para no
repetirlo. Y, preferiblemente, sin castigo. Los castigos son innecesarios y lo que aportan no es de ningún modo agradable y, en mi opinión, son inútiles.
Y he llegado a esta opinión comprobando que aprendo mejor lo que me
enseño con respeto y con cuidado, porque los reproches me enemistan
conmigo y acabo teniendo la sensación de que no me gusto y de que no me
apetece estar conmigo. Antes se decía de lo que había que aprender que
“la letra con sangre entra” y yo lo cambio, sin dudarlo, por “la letra
con Amor entra”.
Compruébalo y a ver si compartimos la opinión..
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales
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