La evolución y el desarrollo de la humanidad pueden describirse en
términos de iluminación y conocimiento, en términos de visión y de
entrada de luz, conduciendo a la revelación. Por medio de la luz, la
visión humana se expande y el propósito divino alcanza la región del
pensamiento y la planificación humana. Sin la energía de la luz podría
hacerse muy poco progreso, y no obstante recibimos esta maravilla y este
misterio sin valorarlo.
Cada Triángulo puede ser un punto focal
poderoso de energía-luz dentro de la red de luz y buena voluntad. La luz
que afluye a través de la red, actúa como un haz muy poderoso que sigue
la corriente principal del pensamiento humano con intensidad y
precisión, trayendo una nueva percepción, una nueva comprensión y una
nueva revelación para abrir las mentes y los corazones.
Este
flujo de luz nos ha traído un conocimiento y una comprensión de nosotros
mismos y del mundo a nuestro alrededor que hubiera sido literalmente
inconcebible hace unas generaciones. En todas las áreas de la vida
humana está ocurriendo una extraordinaria expansión del pensamiento.
Nueva luz se derrama sobre la situación de la humanidad, una luz que
está revelando un mundo de interrelación. Las personas cada vez más
están viendo el mundo como un todo. Esto las pone en contacto con un
nivel más profundo de la realidad. Para muchos implica una experiencia
directa de la unidad esencial de la vida.
Los místicos y los
filósofos han afirmado siempre que la luz es el símbolo de Dios en
manifestación. La ciencia moderna sostiene la creencia de que la misma
sustancia del cosmos, de la cual se ha hecho el universo, es una forma
de energía de luz. Los psicólogos nos enseñan cómo iluminar los lugares
oscuros de la mente, lo que nos permite abrir nuestras mentes a la luz
inclusiva centrada en el Alma. Los educadores modernos están
esforzándose por dar origen a una era de iluminación universal. Por el
pensamiento dedicado de los colaboradores de Triángulos, la luz del Alma
está siendo liberada en un mundo necesitado.
Dos grandes
maestros espirituales destacan sobre los demás en la historia de la
humanidad. Uno, el Buda, se considera universalmente como la encarnación
de la Luz. Los preceptos y enseñanzas de Buda nos permiten ajustar
nuestras mentes, para encontrar el camino entre "los pares de opuestos, a
través de la práctica del desapego y el desapasionamiento, y alcanzar
finalmente la iluminación y la sabiduría.
El otro gran maestro,
el Cristo, es la encarnación del Amor. Él nos trajo un nuevo
mandamiento, que debemos amar a los demás, trascendiendo así el mandato
profundamente importante de todos los sistemas de vida y éticos basados
en la negativa "No hagas…". Continua en la 2ª parte.
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