domingo, 14 de mayo de 2023

NARRACIONES INSTRUCTIVAS (Por Javier Lopez)

 

Finalmente, el cuerpo físico de John expiró. Llevaba encarnado 87 años en el plano físico, gran parte de los cuales habían transcurrido con normalidad y sin demasiadas preocupaciones. Los últimos días los pasó en su casa de campo, tranquilo, sin ninguna conciencia de que su vida terrestre estaba a punto de finalizar.
Aquella noche, como tantas otras, había salido a dar un paseo por los alrededores de su hacienda. Le gustaba caminar solo entre los árboles y disfrutar de la brisa nocturna. Era algo que le hacía sentirse libre, despreocupado, en completa comunión con la naturaleza. Sin embargo, aquella madrugada, de repente, comenzó a notar un agudo dolor en el pecho. Al principio no le dio mayor importancia. "Achaques de la edad", se dijo a sí mismo con cierta resignación. Pero conforme fueron pasando los segundos, el dolor se hizo más intenso, hasta alcanzar un punto crítico... Cinco minutos después, el cuerpo sin vida de John yacía en mitad de una explanada salpicada de pinos y olivos. Fue en ese momento cuando el malogrado anciano, que jamás se había planteado la existencia de la vida después de la muerte, comprendió que en realidad no había fallecido, sino que flotaba ágil y liviano por encima de su ya desocupado vehículo físico. Una profunda sensación de libertad se adueñó entonces de su conciencia, dando a entender que aquel era su estado natural y no el que había experimentado durante su fatigosa estancia en la Tierra.
—¡Soy libre al fin! —pensó entusiasmado, aunque la necesidad de palabras se había desvanecido y ahora podía reflexionar mediante conceptos claros y precisos—. Mi encarnación ha llegado a su fin. Nunca lo hubiera imaginado: ¡todo era cierto! ¡No se muere! ¡Se sigue viviendo! Mi hijo tenía razón... Mi hijo... puedo verlo ahora si me concentro en él. Sí... Están todos reunidos, es el día de mi entierro... Él es el único que sabe que la vida es eterna. Los demás lloran mi "pérdida", creen que todo ha terminado... Los bendigo a todos. En su momento despertarán a la verdad...
Absorto en estas reflexiones, el cuerpo astral de John apenas se había percatado de que una luz intensa y deslumbrante acababa de materializarse a sus espaldas. Se trataba de una luminiscencia cálida y circular de la que emanaban dicha y amor absolutos. En su interior, unos cuantos seres de altísima vibración comenzaron a tomar forma humana entre múltiples destellos y resplandores.
Eran tres. Cada uno iba vestido con una especie de traje azulado de una sola pieza. Sobre dicho traje, a la altura del pecho, aparecían unas líneas blancas que se entrecruzaban y parecían formar un emblema. Completaban la indumentaria un ancho cinturón con hebilla ovalada y unas estilizadas botas que ascendían hasta las rodillas. Sus cabellos, largos y rubios, se deslizaban armónicamente por debajo de los hombros. Y sus ojos, que en este momento observaban fijamente a John, desprendían una paz difícil de igualar en la Tierra. Al fin, uno de ellos tomó la iniciativa y dio un paso adelante, quedando triangularmente escoltado por los otros dos:
—Hemos vuelto —dijo mentalmente—, como te prometimos. Tu experiencia y misión en la escuela Tierra han concluido, como bien intuyes. Te encuentras fuera de tu cuerpo físico y ya nada te vincula a la conciencia colectiva de este singular planeta. Por lo tanto, es momento de regresar al sector 996-K-11 de la galaxia, ¿recuerdas? Todos te esperan para darte la bienvenida...
John no salía de su asombro al percibir las explicaciones de aquel joven tan alto y esbelto. Por un lado, sentía una íntima conexión con esos tres resplandecientes individuos, pero por otro, se hallaba tan desubicado que no sabía cómo actuar. Las costumbres y pensamientos terrestres, tan arraigados en la duda y la desconfianza, todavía hacían mella en su conciencia...
—No temas —volvió a decir el espigado ser que se hallaba por delante de sus compañeros—. Concéntrate en mis ojos y trata de recordar quién soy y de dónde provengo. Es más sencillo de lo que crees...
De manera casi instantánea, la conciencia de John se despejó y los recuerdos comenzaron a agolparse en su mente... Recordó, por ejemplo, que cada noche terrestre, cuando él creía dormir, se reunía con ellos en plano astral para ser aconsejado sobre la evolución de su encarnación. Recordó también la planificación de su vida en los planos espirituales de quinta dimensión (esos tres seres habían formado parte del consejo encargado de ayudarle a trazar el referido plan). Recordó igualmente su vida anterior junto a ellos en el paradisiaco planeta ZL-678, muy cercano a la estrella Arcturus. Y, por encima de todo, recordó su identidad como alma y su conexión multidimensional con toda la Creación.
Su verdadero nombre era Altiak, y los tres seres que se hallaban frente a él formaban parte de su familia estelar. Todos ellos habían ejercido como guías y protectores espirituales durante su prolongada estancia en la Tierra.
Una vez aclimatado a su verdadera identidad, Altiak echó un rápido vistazo a su cuerpo y, embargado por el éxtasis, comprobó que lucía una vestimenta exactamente igual a la de sus congéneres. En realidad él era uno de ellos, y ahora le esperaba un fantástico viaje de vuelta al hogar.
La nave de luz, que había permanecido junto a ellos durante el reencuentro, comenzó a ascender con los cuatro seres arcturianos en su interior, y, en pocos segundos, cubrió la enorme distancia que separa la Tierra del sector galáctico 996-K-11. Mientras tanto, en un cementerio cualquiera de la tercera dimensión terrestre, terminaba de ser enterrado el cuerpo físico del anciano llamado John.
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Javier López Alhambra
Almas Estelares - Javi López

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