A
medida que la luz de tu presencia se va haciendo más fuerte y la
personalidad aprendida se va desvaneciendo ya no aceptas convivir con
energías distorsionadas.
No
sostienes relaciones negativas. En tu cotidianidad ya no tienen lugar
la preocupación, el estrés, los celos, las reacciones agresivas, la
competencia, la carencia, el odio y tantas otras formas del ego. La
potencia de tu paz irradia de tu ser y se impone pacíficamente. Te gusta
estar con gente que quiera ver sus programas y transformarse y te
alejas de los que tienen conductas defensivas y no vibran en amor. Esto
sucede naturalmente; simplemente no te sientes a gusto, lo reconoces y
te mueves según las preferencias de tu propio organismo.
Las
personas que vibran en frecuencias más bajas se alejan espontáneamente
de tu campo perceptual o te alejas tú. Y los que vibran en una
frecuencia afín se acercan. Todo es una maravillosa danza de energías.
Tu
vida cada día se colma de más amor, alegría, celebración, paz y la
conciencia se expande más y más. Cada vez vives en mayor libertad y
abundancia.
Te mueves de una perfección a una perfección mayor.
Las
sorpresas y las bendiciones se vuelven cotidianas. Hermosas almas
vestidas de humanos se multiplican, te acompañaran y comparten contigo
el milagro de la existencia. Los deseos mueren, el futuro desaparece, la
búsqueda termina. Vives en el momento presente, disfrutando de tu
propia belleza silenciosa, haciendo lo que la vida ofrezca. Tú eres la
vida; has entregado tu voluntad individual y te mueves danzando con el
universo. La vida hace todo por ti. Tú eres el universo y ese es el
motivo de tu dicha, ¡tú eres la dicha! Todo ha terminado, has encontrado
el verdadero amor, te has encontrado a ti mismo y eres eterno.
La vida es la celebración de tu existencia.
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