Nada que sucede es por azar… Pero claro… Hemos
olvidado el momento en que pusimos las bases de nuestra existencia y es
por eso que culpamos a Dios, al destino, al demonio, al padre, a la
madre, al Universo, de todo lo que nos pasa. Ha llegado la hora de
madurar y hacernos cargos de la vida. No somos víctimas, tampoco
victimarios…
Cada experiencia que vivimos, por más dolorosa que sea, obedece a un propósito y encierra una gran lección
La vida es una escuela.
Una vez que aprobamos una asignatura ya no tenemos que volver a
estudiarla y es así como las lecciones van cambiando… aunque algunas
veces – yo diría que la mayoría – nos quedamos pegados toda la vida en
una sola lección porque no somos capaces de aprender y se nos repite una
y otra vez la misma situación sin ser capaces se superarla. Van
cambiando los protagonistas de la historia pero es el mismo conflicto en
que nos vemos constantemente envueltos… y se nos repiten las
traiciones, los abandonos, los apegos, y los enamoramientos… hasta que
un día nos aplicamos, lo superamos y nunca más… y al fin pasamos a otro
tema.
Por eso hay que permanecer conectados con el alma porque ella
siempre nos está diciendo que tenemos que hacer y nos susurra
dulcemente, mientras tanto el ego nos grita tan fuerte para que no
oigamos al ama que se impone y pocas veces aprobamos… por eso hay que
buscar el silencio porque es solo en el podemos escuchar los susurros
del alma… porque ella sabe… EL ALMA SIEMPRE SABE…
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