En
ocasiones, ayudar a otra alma implicará actuar y comportarse de maneras
que tal vez no sean de su agrado. Ser consciente de esto te liberará de
la creencia de que ayudar es darle al otro todo lo que te pida (aun
cuando no te parezca correcto ni adecuado).
Se
puede ayudar estando ahí, pero también no estando (y facilitando que el
otro tome conciencia de su apego y descubra su propio ser). Se puede
ayudar dando, pero también no dando (propiciando que el otro se supere y
lo consiga mediante sus propios recursos). Se puede ayudar con una
sonrisa, pero también mediante un rostro serio, sin temor a expresar
nuestras emociones y sentimientos... A veces, ayudar implicará ser "el
malo" para la otra persona, al no cumplir sus expectativas y negarle
aquello que, egoístamente, da por seguro.
Ser
siempre complacientes y perdernos en una amabilidad gelatinosa y
desproporcionada no solo no ayudará al otro, sino que a la larga
desembocará en que nosotros mismos perdamos el norte y nos agotemos. Tu
misión no es ser "bueno" las 24 horas del día, sino ser coherente
contigo mismo y con los demás, aplicando tu propio discernimiento en
cada situación y reconociendo, asimismo, las incoherencias del otro.
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