Lo más habitual es el suave y delicado roce sobre la piel, la tierna y cariñosa mirada que traspasando lo físico y acaricia el alma, las suaves y dulces palabras que a modo de susurro expresan sentimientos de hermandad, cariño, amor, y otros sentimientos circunstanciales producidos por actividades hormonales relacionadas con el tema de la reproducción o “deporte nacional” según qué caso, etc.
Dicho así tal cual suena, parece ser que ambas opciones parten de personas buenas o malvadas, y yo más bien diría que se trata de personas conscientes y de un progreso medio alto, o personas inconscientes de muy escaso progreso cuyo nivel de sensibilidad no es suficiente para valorar y evitar el sufrimiento y dolor ajeno, estas personas van a lo suyo, y si pueden obtener beneficios o placeres no les importa utilizar a otras personas como medios de conseguirlo, se desvinculan de su responsabilidad personal ética y moral, unos porque no la tienen, y otros se excusan con cualquier pretexto.
Las caricias de todo tipo y naturaleza, poseen sus límites de correcto uso y aplicación, en exceso pueden crear adicción, necesidad de obligado cumplimiento, y que si se dejan de recibir o dar, puede ocasionar un cuadro patológico de tristeza, ansiedad, depresión, y algunas otras perturbaciones producidas por la necesidad de recibir esa especie de alimento que constituía su ración diaria de caricias u otras manifestaciones afectivas por el estilo.
La
irremediable necesidad que una persona
puede llegar a sentir de ser acariciada, mimada, etc., esclaviza
y subyuga a la persona dependiente, que en la procura de recibir su
ración
diaria de cariño, mimos, caricias etc., suelen aceptar precios, acciones
o
practicas que pueden llegar a ser degradantes y excluyentes de su
dignidad
personal y libertad, toda manifestación afectiva, dentro de su correcto
círculo
de aplicación y en dosis adecuadas, puede constituir un alimento para el
cuerpo, el alma o el
espíritu, fuera de su círculo y de forma incontrolada o extremada, puede
ser motivo de grandes pesares y sufrimientos. Y por hoy nada más,
saludos.
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