Buenos días
queridas gentes, en estos días padezco algo de alteración en mis vías respiratorias y dolores varios,
será cosa del aire acondicionado o la llegada del verano, por supuesto que ya lo he aceptado y estoy
aplicando la solución que considero mas adecuada y efectiva, sin permitir lo
mas mínimo, que ni las anomalías en sí, ni el proceso de curación o restauración, repercuta en
mi estado de ánimo o nivel de alegría y optimismo.
Y sobre estos detalles vamos a hablar esta mañana, porque existe un perfil de personas que aprovecha toda oportunidad para sentirse víctimas de la vida, es un proceso psicológico medio inconsciente, y en algunos casos se ha convertido en un automatismo, en cuanto llega la circunstancia o evento que nos puede valer como justificación, aparece la víctima, es una forma muy poco inteligente y provechosa de emplear nuestro tiempo y energía.
Vamos a
hablar del concepto “tiempo”. Yo creo y
siento que el tiempo es vida, porque mi tiempo empezó en el momento que yo vine
a este mundo, y se terminará en el
momento que tenga que partir de él, el espacio entre el nacimiento y la muerte
es mi vida terrena, y lo que separa a ambos acontecimientos es tiempo, me
queda claro que cada segundo es un trocito de mi vida, y es inteligente y
oportuno el aprovecharlo de la forma mas provechosa y conveniente para mí, y mi
entorno.
En
escritos anteriores hemos hablado de las diferentes etapas de la vida, y que en
cada una de ellas se ejercen prácticas propias de las necesidades y peculiaridades de esa etapa, muchas de ellas cuando
cambiamos de etapa deben de quedar atrás, porque solo son tolerables o
convenientes dentro de su tiempo.
En la
etapa de la niñez, necesitábamos llamar la atención de nuestros padres, abuelos
y otras personas adultas, y en algunos casos un método que funcionaba era la pataleta, el de
fingir males, agravar una situación, o declararnos víctima de algo o alguien,
en estos casos nos dedicaban atenciones extras de cuidados, protección posibles
muestras de cariño y mimos para compensar y vernos contentos y felices.
Resulta que muchos de nosotros pasemos la etapa de la niñez, y la siguiente, y la otra y otra, y todavía intentamos utilizar aquel recurso que nos funcionaba cuando éramos niños, ahora lo hacemos con más técnica, de forma mas sibilina, intentando disfrazar el asunto, pero las pretensiones son las mismas, solo que fuera de época o etapa, y por tal motivo improcedente y de consecuencias perjudiciales para la persona que actúa de esta manera.
En
nuestro diario vivir, nos encontramos con personas que siempre se están
quejando, aprovechan cualquier cosa como motivo, te plantean problemas de cosas
normales de la vida, y si intentas darle una posible solución a su
planteamiento, te pueden llegar a decir, que ella o él te ha hecho un
comentario, no te ha pedido consejo alguno.
Si
intentas hacerle ver que no existe tal problema, te dirá que tu no la
comprendes, que eres insensible, o cualquier otra cosa, pero lo que no permite
es que le desmontes su teoría, porque la necesita para llamar la atención y que
le compadezcan, que le digan: “te comprendo”, “que mala suerte tienes”, “pobrecit@”,
y otras cosas por el estilo.
Algunas
de estas personas se convierten en mendigos de cariño y atenciones, y en la
procura de que les atiendan, van siempre contando su drama o película a todo el
que se deja o contribuye con sus pretensiones, y lo peor del caso es que pasan
una buena parte de su vida padeciendo, porque al final terminan creyéndose sus
dramas imaginarios y viviéndolos como tal.
Es adecuado e inteligente el emplear nuestra energía y demás recursos en la búsqueda de soluciones, y en ningún caso en quejas y lamentaciones, y esto lo afirma un antiguo quejica y miembro del club de las lamentaciones, el progreso se fundamenta en rectificar cuando reconocemos un error. Saludos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario