El Amor da vida, el apego roba vida.
El Amor da alegría. El apego desemboca en infelicidad, en enojo, en frustración y, en algunos casos, en depresión.
El Amor surge y se manifiesta de mil maneras diferentes. Es espontáneo y natural. El apego busca revivir una y otra vez los mal llamados momentos de amor, pero se le olvida que son irrepetibles.
El apego es dependiente. El amor es independiente, pero está dispuesto a compartir y transformarse en interdependencia.
El amor se basa en la plenitud y la autosuficiencia. El apego tiene como base la carencia y la necesidad y cree en la obligación del otro para satisfacerlas.
El amor no teme a nada. Sabe que, pase lo que pase, siempre volverá a resplandecer. El apego vive en un constante temor: se inquieta por cualquier cosa, y tiene miedo de lo que pueda pasar y que eso que suceda acabe con todo.
El apego se alimenta del control del otro. El amor es libertad y el respeto a los espacios del otro.
El amor construye y florece. El apego impide el crecimiento y el avance del otro.
El apego te hace sentir pesado y abatido. El Amor Verdadero te hace sentir ligero.
Del apego derivan los celos. Del amor nace la confianza.
El amor atrae aquello que es afín y que potencia el desarrollo. El apego atrae lo que satisface las necesidades y las carencias.
El amor no es ciego, ve y muy claro. El apego es ciego y calla para no ponerse en peligro.
El apego domina y somete, te lleva a una lucha por el poder. El amor comparte elecciones y decisiones.
El apego es egoísta: busca satisfacer las necesidades mas profundas que uno mismo tiene. En el amor promueves la felicidad, la tuya y la del otro, comprendes que la felicidad del otro también es tu propia felicidad.
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