Todos hemos confiado alguna vez en alguien que ha terminado haciéndonos daño. Tras este episodio, seguramente hemos dicho que nunca más “volveríamos a caer” en el mismo juego. No sólo estamos hablando de decepciones amorosas, sino de todo tipo.
Sea cual sea el caso, lo normal es que la decepción profunda nos deje también una herida profunda que va a tardar en cicatrizar. Un daño que a menudo tiene que ver con la confianza, una de las cosas más difíciles de restaurar.
Después de una decepción, habitualmente cerramos las puertas a nuevas experiencias por miedo a volver a sufrir. Es por ello que muchas personas prefieren o eligen no encariñarse con alguien pensando que así minimizan el riesgo de ser lastimados de nuevo.
Los psicólogos llaman a esta elección el “efecto chubasquero”. Puede ocurrir cuando hemos dado lo mejor de nosotros mismos a nuestra pareja y nos ha engañado con otra persona, cuando somos completamente honestos con un amigo y nos clava un puñal por la espalda o cuando sufrimos el abandono de nuestros padres o familiares. Desgraciadamente, aunque no sea ninguna de estas tres situaciones, seguro que has experimentado esa sensación.
Un refrán popular dice “el que se quema con leche, ve una vaca y llora” y algo similar se puede aplicar a este efecto chubasquero. Haciendo una comparación, la leche sería una decepción y la vaca, una persona. Esto quiere decir que por más que esa vaca en el campo no haya sido la productora de la leche que nos quemó, igualmente nuestra quemadura nos hará sufrir y recordar ese hecho tan doloroso.
Otra de las consecuencias de cerrar con cinco llaves y candados las puertas y las ventanas de nuestra casa es que las personas que nos rodean se empezarán a alejar de nosotros. Pensaremos que nos han abandonado o que todos son malos, sin embargo, será nuestra propia barrera la que retire a varios kilómetros de distancia a los seres que realmente nos importan y que se preocupan por nosotros.
Nadie dice que sea sencillo sobreponerse a una decepción, especialmente cuando es amorosa, pero es preciso empezar a quitarse el chubasquero cuando no hay tormenta en el cielo, para poder así disfrutar de la brisa y del sol del mediodía.
No estaremos logrando nada positivo si nos encerramos en nosotros mismos y no permitimos a nadie que “entre en nuestro refugio”
No hay comentarios:
Publicar un comentario