Dormía encogida y temblando, manteniéndose inmóvil hasta en su respiración para no despertar a ese enorme león que descansaba a los pies de su cama.
Cada noche lo veía ahí, cerca de sus pies, pero no quería ir a avisar a sus padres porque si salía de la cama esa fiera se daría cuenta de que ella estaba allí y la atacaría.
Una noche el león le habló:
"¿Quién te enseñó a tenerme miedo, pequeña? No ves aquello a lo que deberías de verdad temer y por eso estoy aquí. Yo sí los veo. Descansa preciosa"
La niña sacó sus ojitos fuera de la sábana y miró hacia las paredes, armario y puerta. No había nada.
El león sonrió y se volvió a dormir.
La niña creció y se hizo mujer y siempre recuerda a ese gran amigo de quién aprendió que la mayor fuerza es pacífica y que la inocencia de corazón es la puerta a las dimensiones del amor infinito y eterno.
Escrito por Sonia Coll
(Cuento inspirado en las vivencias y recuerdos de mi infancia)
Gracias Elisa López Fuentes!!!
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