En
mi opinión, he de seguir siendo incansable y hasta pesado en esto de
repetir una y otra vez, en uno y otro artículo, diciendo lo mismo pero
con otras palabras: la importancia que tiene VIVIR la VIDA.
Siempre me ha llamado la atención que se hable de “perder el tiempo”. Siempre se me ha hecho extraño que haya “mata ratos” –actividades o cosas para matar los ratos, o sea matar el tiempo de vida-,
porque pienso que el tiempo ha de pasarse de un modo muy vivo. Yo tengo
muy claro el concepto de tiempo, que para mí no es algo que haya que
pasar “como sea”. Eso a lo que llamamos “el tiempo” en realidad es LA VIDA.
Si
decimos o pensamos como concepto “perder el tiempo”, no parece algo
grave. Uno se cree inmortal cuando supone que tiene mucha vida por
delante, sobre todo en la juventud, y por eso no se valora tanto un día,
unas horas, un minuto, que son fracciones que se cotizan y aprecian
mucho y más a medida que uno se hace mayor.
Perder la vida es inevitable, la vamos a perder todos. Perder el tiempo es imperdonable.
Perder, el tiempo o la vida, sólo es justificable cuando uno decide
voluntariamente hacerlo de ese modo. Cuando uno decide pararse y no
hacer, no está perdiendo el tiempo/vida sino que está haciendo lo que ha
decidido hacer: nada. Parece que es una tontería, que es demasiado
obvio, pero la realidad es que cambia mucho tener claro ese hecho de no
hacer –cuando es decisión libre y consciente- porque de ese modo no hay
–o no debería haber- arrepentimiento posterior.
Si
fuésemos capaces de asumir con rotundidad la limitación de tiempo/vida
de la que disponemos, seríamos capaces de darnos cuenta –y despreciar-
esas cosas que nos lo roban, que parece que forman parte de la vida y
son inevitables, pero que se pueden evitar poniendo un poco más de
consciencia y haciéndonos valorar.
Nos roban –y nos dejamos robar- el tiempo/vida cosas como…
Las conversaciones inútiles,
los enojos que son pataletas infantiles,
aplazar las cosas innecesariamente,
quedarse en la espera infructuosa de que sucedan cosas que en realidad las tenemos que hacer o provocar nosotros,
pasar demasiado tiempo en el pasado de un modo improductivo –si ese tiempo es placentero entonces no es improductivo-,
los momentos que dedicamos a tramar venganzas o a sufrir odiando,
enredarse en pensamientos negativos y en ver todo oscuro y mal,
dedicar demasiada atención a ver la televisión,
seguir haciendo esas cosas que siempre te dejan con malas sensaciones,
las distracciones improductivas que te hacen perderte parte de tu vida,
pre-ocuparte y sufrir por adelantado por algo que no ha sucedido y que posiblemente no llegue a suceder nunca,
ocuparte en pensar lo que los otros dicen o piensan de ti,
quejarte por algo y no ponerle remedio,
repetir los mismos errores,
hacer caso a tus miedos…
O
sea, todo aquello que te haga perder de vista el objetivo y el sentido
de tu vida, lo que TÚ, LIBRE Y VOLUNTARIAMENTE, DESEAS QUE SEA TU VIDA y
lo que deseas hacer en ella.
Me encanta esto que decía Séneca: “No es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho”.
Sentir con toda su rotundidad lo que esta frase dice es brutal, abre
los ojos inmediatamente, revoluciona el interior, propone un cambio
notable en la vida.
“A veces es mejor perder a alguien que perder el tiempo”. Otra frase rotunda, revolucionaria, directa al corazón y a la conciencia.
Tal
vez sea buena idea que vuelvas a leer esa lista de cosas que hacen
perder el tiempo/vida y revisar si apareces reflejado en alguna de ellas
o en otras distintas. Y si es así…ponle remedio.
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales
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