viernes, 24 de mayo de 2024

FAMILIA ESPIRITUAL (Por Angeles Calatayud)

 

Es común escuchar, en especial por parte de adolescentes y jóvenes, quejas acerca de su familia. Al final, la familia del amigo, del vecino siempre es la mejor. La madre del amigo es comprensiva, el padre escucha al hijo. Algunos llegan a decir que se sienten extraños en su hogar, que les gustaría muchísimo ser hijos de esta o aquella familia. Y llevan tan en serio sus afirmativas, que no es raro encontrar niños y niñas que pasan días enteros en casa de amigos. Porque es allí, en aquel ambiente, donde se sienten bien. ¿Por qué pasa eso?
Primero debemos considerar que los padres, como responsables por la educación de sus hijos, continuamente les advierten sobre sus deberes, sus obligaciones. Es la escuela, los deberes de casa, las pequeñas tareas del hogar, la limpieza de su habitación. Tales cuestiones hacen que el joven se sienta presionado en su hogar, mientras en el del amigo nada le es exigido, porque allí es una visita. Y la visita merece un trato especial, puesto que su educación no es deber de sus anfitriones.
Otro detalle a considerar es que algunos de nosotros verdaderamente nacemos en familias que no nos son simpáticas. Eso ocurre como parte de nuestro aprendizaje, dentro de la ley de causa y efecto, pues probablemente en experiencias anteriores en la carne, descuidamos los afectos familiares, menospreciamos su convivencia. Retornamos así, para vivir entre seres indiferentes o incluso antipáticos.

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