martes, 28 de mayo de 2024

PRIVACIONES DEL CUERPO Y DEL ALMA (Por Jose Luis Martin)

 

“Urge comprender los mecanismos de las Leyes Divinas, dispensándose, ante los lances atormentados de la existencia terrestre, toda actitud ilusoria o espectacular.” –
Andre Luiz.
No es raro, que el hombre, en las horas difíciles, eche mano de recursos extremos y, muchas veces, ilógicos, para disminuir el sufrimiento propio o ajeno, como acontece con las pruebas desesperadas, en el sentido de suprimir agonías morales o curar dolencias insidiosas. De hay nace el contrasentido de los oficios religiosos remunerados de que se nutren antiguos y piadosos engaños, como son:
La recitación mecánica de formulas cabalísticas;
Los sacrificios inútiles visando prioridad y concesiones;
Las promesas esdrújulas;
Los votos inoportunos;
Las penitencias extrañas;
Los auto castigos en los que la vanidad lleva el rotulo de la fe;
Los ayunos y las mortificaciones para expresar suicidios parciales;
El uso de amuletos;
El apego a los talismanes;
El culto improductivo del remordimiento en cualquier esfuerzo de corregirse en la restauración del camino errado…
Con todo, al espirita cristiano le compete despojarse de semejantes conceptos a cerca del Creador y de la Creación, cristalizados en la mente humana agraviados en numerosas reencarnaciones.
Para nosotros no existe ya más la creencia ciega.
En razón de eso, no nos acomodamos más en la idea del milagro como siendo prerrogativa a favor de alguien sin cualquier merecimiento.
De igual modo, urge comprender los mecanismos de las Leyes Divinas, dispensándose ante los lances atormentados de la existencia terrestre, toda actitud ilusoria o espectacular.
Omisión no resuelve.
Y en materia de comportamiento moral en la renovación de la vida, abstención del servicio en el bien de todos, es deserción vestida de alegaciones simplemente acomodadas, dentro de la cual el creyente apenas huye de las responsabilidades que le caben, como también aun exige presuntuosamente que Dios se transforme en esclavo de sus extravagancias.
Nos sitúa la Doctrina Espirita delante de nosotros mismos.
Estamos espiritualmente hoy donde nos colocamos ayer.
Respiraremos mañana en el lugar donde nos dirigimos.
Usemos la oración para comprender nuestras necesidades, solucionándolas a la luz del trabajo sin el propósito de engañar los poderes divinos.
La Ley es ecuánime, justa, insobornable.
La criatura goza igual a las demás en el océano inmenso de la Humanidad Universal, no es cliente de privilegios.
Es porque, a la inversa de procurar, espontáneamente, penitencias improductivas para nosotros, es imperioso buscar voluntariamente el auxilio eficiente para los semejantes.
Espiritismo es sublime manantial de energía espiritual. Abriendo fuerzas, acatemos sin rebeldía aquello que la Vida nos ofrece, trazando paz en la conciencia y entendimiento en el corazón.
El mundo actual prescinde de cuantos se transforman en ascetas y eremitas de cualquier condición.
Hasta la penología moderna procura imprimir utilidad a las horas de los presidiarios, valorándoles la reeducación en colonias agrícolas y en otras organizaciones colectivas, para la búsqueda de la regeneración moral y social.
Y la propia psiquiatría, actualmente, instituye la labor de terapia para que los enfermos del alma se recuperen, por la actividad edificante.
Para el espirita, por tanto, la Vida y el Universo surgen ajustados para la lógica y esclarecidos en la verdad.
Apelemos por los recursos de la oración, a fin de que seamos sustentados en nuestros propios deberes, reconociendo, sin embargo, que Dios no es un vendedor de gracias o donador de obsequios, en régimen de excepción, y si El Creador Increado, perfecto en todos sus atributos de justicia y amor.
ANDRÉ LUIZ
( Trabajo realizado por Merchita)

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