"El autoconocimiento no es un fenómeno puramente cognitivo. El autoconocimiento pasa por un proceso que es como un descenso a los infiernos, que duele; para reconocer cómo es uno, tiene que reconocer que uno no es ese personaje ideal que cree ser cotidianamente, ése personaje que uno le muestra a los otros...
Cómo es uno de verdad, se vá descubriendo poco a poco. Pero el viaje por el autoconocimiento pasa por encontrarse con la sombra..., que es lo asqueroso, y lo prohibido. Y quien no se encuentra con el diablo dentro de uno mismo, todavía esta muy a medio camino en el viaje interior, no a viajado en serio, se ha quedado muy superficialmente..."
En las profundidades de nuestro ser, reside un abismo de oscuridad que refleja un espectro sombrío. Hasta que enfrentemos, aceptemos y abracemos este lado de nosotros mismos, incluyendo nuestros defectos, emociones negativas y aspectos poco halagadores, permaneceremos atrapados en la ilusión de la iluminación superficial.
La verdadera sabiduría no se encuentra en negar o reprimir nuestra naturaleza oscura, sino en integrarla plenamente en nuestra conciencia. Al reconocer y aceptar nuestras sombras, no nos volvemos más oscuros, sino más completos. Es en este crisol de aceptación donde se forja la auténtica iluminación: una luz que no distingue entre bien y mal, sino que abarca el todo como uno solo.
Al fusionarnos con la oscuridad, trascendemos la dualidad y nos alineamos con la luz fundamental e indiferenciada del Ser mismo, donde no hay separación ni juicio. Allí, en el abrazo de la totalidad, encontramos la comprensión y la liberación que nos permiten brillar con nuestra verdadera esencia.
La falsa espiritualidad solo vende amor, paz etc, dejando aún lado el otro lado de la moneda. Para que se haga la luz debe haber oscuridad y viceversa, sin opuestos nada existe.
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