Tu desafío es ver todos los acontecimientos que te suceden en la vida con los ojos de Dios. Esto significa bendecir, agradecer y glorificar las penas de la vida y los momentos difíciles, sabiendo con certeza de que te está ocurriendo lo mejor que te podría ocurrir, aunque ante los ojos humanos parezca todo lo contrario. Cuando te entregas a lo que Es no tienes preferencias, no deseas que las cosas salgan a tu manera, sino que confías en la mano divina invisible y dejas que esa fuerza bendita dirija tu vida y tus acciones.
Esto que te digo no es algo teórico, sino una forma real de vivir. Es vivir confiando en Dios y en sus caminos, y no en lo que tú quieres que suceda. Si te dejas llevar por Él sin resistir ni quejarte, (aún cuando pierdas a alguien que amas o atravieses circunstancias aparentemente injustas), tarde o temprano podrás decir: "Lo que antes tanto resistía, ahora sé que fue lo mejor que podía pasarme. No cambiaría absolutamente nada de mi pasado". Verás así los milagros producirse uno tras otro por entregarte a su voluntad y sabrás finalmente que nadie te ama y te cuida más que Dios.
Fernán Makaroff
No hay comentarios:
Publicar un comentario