En mi opinión, esta es una conclusión a la que casi todos hemos llegado en bastantes ocasiones.
Algunas veces nos hemos dado cuenta porque estábamos pendientes de lo
que pasaba en nuestra mente, o bien porque nosotros conscientemente
habíamos llegado a esa conclusión, pero en la mayoría de las ocasiones
no estamos atentos ni pendientes a estas elucubraciones mentales y de
pronto nos encontramos totalmente convencidos de esta deducción…aunque
no hayamos participado en ella.
Nos pasa algo con lo que no
contábamos, ocurre algo que no habíamos previsto o que es exactamente lo
contrario de lo que deseábamos, y parece que no nos queda otro remedio
que rendirnos ante la evidencia: no todas las decisiones dependen de
nosotros, no controlamos lo que nos sucede, es como que hay algo o
alguien que decide por nuestra cuenta… y a nosotros sólo nos queda la
opción de acatar lo acaecido, y disfrutarlo o padecerlo.
Pero…
¿realmente existe el destino?, ¿realmente TODO lo que nos sucede es
decisión unilateral del destino?, ¿influimos en lo que nos pasa o
hagamos lo que hagamos va a suceder “lo que tenga que suceder”?
Hay respuestas de todo tipo, incluso diametralmente opuestas, para estas preguntas. Y puede que todas o ninguna sean ciertas.
En mi opinión, y aunque me cueste aceptarlo, parece que hay algunas
cosas que ya están predeterminadas, y que si son importantes para
nuestro desarrollo personal/espiritual acabarán sucediéndonos, antes o
después, de mejor o más duro modo. Son esas
cosas/situaciones/experiencias que uno no comprende, a las que uno
asiste aturdido o desesperado, protestando y renegando, o molesto por la
incomprensión y porque nadie avisa y nadie da explicaciones de por qué
hay que pasar por esos trances.
Otras veces, la inmensa mayoría,
lo que nos sucede en la vida es el resultado de lo que hicimos o lo que
no hicimos, de las decisiones acertadas o de las que no lo fueron tanto,
de nuestra lógica incompetencia en este asunto de vivir, de la
desatención a la vida, de la apatía o el abandono… y entonces, para no
asumirlo, para no entonar un mea culpa y reconocer la responsabilidad –o
la irresponsabilidad- uno se consuela pensando que es el destino quien
ha elegido.
Vivir implica asumir el resultado total de la vida,
lo que sucede en la vida, y uno es sustituto y continuador del Creador
–sea quien sea ese o eso que nos ha creado- y por lo tanto uno ha de
responsabilizarse de la propia vida, de entender y vigilar el asunto de
la Ley de Causa y Efecto, de comprender el compromiso y obligación que
implica el hecho de ser director de la propia vida, de aplicar sensatez y
consciencia, seriedad y cumplimiento, en este hecho maravilloso que es
vivir… a pesar de que en ocasiones las nubes impidan ver el sol.
Uno es el encargado de su presente y su futuro, y de lo que quiere poner
en ellos, así que conviene tomar buena nota de esto y no dejar las
cosas más importantes al azar, conviene no arriesgarse a que pase “lo
que tenga que pasar” –que en la mayoría de las ocasiones no es más que
una excusa insensata- y conviene tomar decisiones adecuadas, hacer lo
que conviene, y atender a la importancia de la vida, que es mucho más
que soportar “lo que venga”.
El destino eligió por mí está bien
como título para un artículo o un libro, pero como resumen rendido de
una vida queda horrible. Denota un sentimiento de fatalidad innecesario,
porque no son inevitables todas las cosas que nos pasan en la vida.
Sé dueño de tu destino.
Elige por ti.
Ten claro que puedes hacerlo.
Y que has de hacerlo.
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales
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