Viene de la 1ª parte. La Fe nos recordará que lo que nos está
pasando –cuando nos sucede algo desagradable- es pasajero y
circunstancial, que no hay en ese malestar un castigo, sino una lección,
un paso adelante, una oportunidad de ser consciente de algo que nos va a
llevar hasta el siguiente paso.
No digo que este Proceso en el
que estamos es fácil. Sí puedo garantizar que va a ser precioso en el
momento que sepamos verlo con claridad y valorarlo. Cuando hayamos dado
unos cuantos pasos y miremos atrás notaremos una mejoría, una lucidez
desconocida, y hasta una nueva forma de ver y sentir las cosas.
La Fe es la seguridad, la certeza, la ausencia de duda, pero desde la
libertad, porque “se sabe” –porque uno “lo sabe dentro”, y no porque sea
un saber impuesto- , y, como todas las verdades, puede andar libremente
por donde quiera porque tiene confianza en sí misma. Es consciente de
su naturaleza, y está receptiva a ser aceptada por cualquier persona. Y
si alguien deja de estar seguro, la Fe prefiere que la suelten y que no
traten de hacerla cambiar.
La Fe puede derivar en algo peligroso
si no tiene claros sus conceptos y si no es bien entendida, porque hay
quien, en vez de tener FE, tiende a AFERRARSE, y esto no es bueno.
Hay que saber que aFErrarse es agarrarse con desesperación a alguna
opinión; aFErrarse es convertirse en fanático, y un fanático nunca es
libre; aFErrarse es creer en algo sin dejar espacio para que entren un
cuestionamiento o una duda que puedan dar luz.
Quien está
“aFErrado” a algo no puede aceptar un cuestionamiento, porque no está
abierto y receptivo, y teme que le roben la tabla de salvación a la que
ha conseguido asirse; quien tiene Fe, tiene seguridad en su creencia,
sin fanatismo, sin desesperación, pero también sabe escuchar otras
opiniones y otras posibilidades, porque tiene una base firme sobre la
que estar seguro.
Tal vez cuando Jesucristo dijo “tened Fe”, dijo “tened seguridad”.
La confianza en el buen resultado del Proceso de Desarrollo Personal
que se ha iniciado ha de ser absoluta. Uno ha de estar del todo
convencido de que está haciendo lo que es correcto y lo que es mejor
para sí. Uno ha de estar convencido de que necesita y desea hacerlo. Uno
ha de disponer de una fuerza interna que le anime en los momentos de
desánimo y le ayude a encontrar el interruptor de la luz cuando se
encuentre en la oscuridad.
Firmeza, fortaleza, fuerza,
perseverancia, confianza, ánimo, espíritu, Fe… todo esto –y algo más- va
a ser necesario para progresar en el Camino, así que provéete de ello y
tenlo a mano para poder usarlo.
El resultado –vuelvo a garantizarlo- compensa todo el esfuerzo y los sinsabores.
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales
No hay comentarios:
Publicar un comentario