¿Bueno o malo? El tiempo lo dirá…
Un campesino humilde trabajaba la tierra con su hijo. Un día, el joven llegó con una noticia preocupante:
—Padre, ¡qué desgracia! Nuestro caballo se ha escapado.
El hombre, con calma y sabiduría, respondió:
—¿Por qué lo llamas desgracia? Esperemos a ver qué sucede.
Días después, el caballo regresó acompañado de otro.
—¡Padre, qué suerte! Ahora tenemos dos caballos.
Pero el anciano, con su misma serenidad, le dijo:
—¿Por qué lo llamas suerte? Demos tiempo al tiempo.
El joven quiso domar al nuevo caballo, pero este, asustado, lo lanzó al suelo y le fracturó una pierna.
—¡Padre, qué desgracia! ¡Me he roto la pierna!
A lo que su padre, una vez más, respondió:
—¿Por qué lo llamas desgracia? Veamos qué nos depara el tiempo.
Días más tarde, el ejército del rey llegó al pueblo en busca de jóvenes para la guerra. Al ver al muchacho herido, lo dejaron atrás y siguieron su camino.
Fue entonces cuando el joven entendió la lección de su padre: nada es completamente bueno o malo, todo depende del tiempo y la perspectiva.
Moraleja:
La vida es impredecible. Lo que hoy parece una desgracia, mañana puede convertirse en una bendición. Por eso, en lugar de apresurarnos a juzgar los eventos, confiemos en que todo sucede con un propósito.
-Susana Rangel
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