—No te duele la espalda, sino el peso que cargas.
—No te duelen los ojos, sino la injusticia que presencias.
—No te duele el corazón, sino la ausencia de amor.
—No te duele el estómago, sino lo que tu alma no logra digerir.
—No te duele el cuello, sino las palabras que callas.
—No te duele la cabeza, sino los pensamientos que no te dejan en paz.
—No te duele el hígado, sino la rabia que te consume.
Recuerda, hija mía: el amor es la medicina más poderosa.
Así que ámate, cuídate… y deja de enfermarte sola.
-Susana Rangel
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