Hay personas que nunca intentan nada. Que no arriesgan, que no ponen la cara y que se pasan la vida mirando desde la barrera.
Personas que tal vez en una noche de euforia puedas encontrar diciendo
todo lo que harán, trabajarán o conseguirán, pero que a la mañana
siguiente, al sonar el despertador, harán lo mismo de siempre: darle al
botón de posponer.
Personas que
podrían pasarse horas y horas mirando fotografías, agencias y revistas
de viajes, pero que nunca terminarán de llenar su mochila y marcharse de
una vez.
Personas que hablan de un futuro diferente, sí, pero que
no corren como el viento a por él.
¿Que no les gusta su trabajo? El lunes más.
¿Que quieren estar más en forma o atractivas? «Ya, pero es que no me gusta correr».
¿Que les va fatal en el amor? «¡Menuda mala suerte!».
Personas que se comportan como si la vida no fuera con ellas, como si
al nacer se les hubiera dado solo un lienzo y no un pincel también.
Quizá te preguntes cuál es el plan. Cómo hacer para para recuperar el
brillo de tus ojos y la sonrisa de tu alma. Y el plan es el siguiente:
trata por todos tus medios de no ser como ellas.
Haz que entre lo que quieres y el lugar en el que estás haya siempre una parte de ti poniéndose manos a la obra.
Haz todo cuanto puedas por dejar de quejarte, mirar a los demás y
responder a esta pregunta de manera afirmativa: «Si mi vida es mía, ¿no
debo ser yo quien la escriba?».
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