No todos los “te amo” vienen con flores o con promesas…
Algunos llegan en silencio, pero se quedan para siempre.
Una mujer cuidaba a su esposo enfermo desde hacía años.
Él ya no hablaba, no caminaba, apenas respiraba.
Un día, alguien le preguntó:
—¿Por qué sigues a su lado, si él ya no puede decirte nada?
Y ella respondió:
—Porque el amor no se mide por lo que se dice… sino por lo que se hace cuando nadie aplaude.
El amor no siempre se ve en los momentos perfectos,
sino en los días difíciles, en las manos que no sueltan,
en los ojos que todavía te miran como si fueras suficiente… incluso cuando no te sientes así.
El amor verdadero no hace ruido.
Pero permanece.
Se nota en los detalles que otros no ven…
y en los silencios donde uno se siente acompañado.
-Susana Rangel
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