La esperanza no es ingenuidad… es resistencia.
Porque creer cuando todo va bien es fácil.
Pero seguir creyendo cuando todo va mal… eso es esperanza.
Una niña le preguntó a su abuela:
—¿Cómo hiciste para no rendirte cuando todo se derrumbaba?
La abuela sonrió con ternura y respondió:
—Porque cuando me quedé sin fuerzas, me sostuve de la fe.
Y cuando me faltó fe, me aferré a la esperanza.
Porque aunque no podía ver el sol… sabía que seguía ahí, detrás de las nubes.
La esperanza no niega el dolor.
Solo se rehúsa a aceptar que ese sea el final.
Es la luz que no se apaga aunque todo esté oscuro.
Es la voz bajita que te dice:
“Aguanta… lo mejor todavía no ha llegado.”
-Susana Rangel
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