Lo
que caracteriza a un verdadero espiritualista y lo diferencia de los
demás hombres es esta unidad extraordinaria realizada en sí mismo: sus
pensamientos, sus sentimientos, sus actos están coordinados y dirigidos
hacia un ideal único; en él nada se contradice. Mientras que en un
hombre ordinario no existe esta unidad: los deseos van en un sentido,
los pensamientos en otro, los actos en un tercero.
Se
cuenta que un topo, un águila y un pez se reunieron para llevar juntos
una carga. ¿Qué ocurrió? El topo trataba de meterse bajo tierra, el
águila batía sus alas para emprender el vuelo, y el pez quería
sumergirse en el agua. Evidentemente, sometida a tirones en direcciones
contrarias, ¡la carga permaneció en el mismo lugar! La mayoría de los
humanos camina así en todas las direcciones, mientras que en un
verdadero espiritualista la actividad es ordenada y armoniosamente
dirigida hacia una meta única, la perfección que se obtiene solamente
con amor, sabiduría y verdad.
Omraam Mikhaël Aïvanhov
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