(Viene
de la 2ª parte. Existe la edad física y la espiritual, hay
personas infantiles, jóvenes, maduras, etc, y también ocurre igual con
las almas y espíritus, puede darse el caso de una persona adulta que se
comporta como si fuese un niño, y niños que se comportan como adultos,
el Ser espiritual adulto actúa siempre con un alto grado de
responsabilidad sea cual sea la edad física en que la persona se
encuentre, siempre que cuente con las capacidades y medios oportunos.
La
persona adulta es aquella que ha vivido muchos días, meses y años. Y el
Ser adulto es el que ha vivido muchas existencias en la condición de
humano, como mujer, como hombre, en la riqueza, en la pobreza, en la
enfermedad, en la salud, en paz, en guerra, etc. y posee el conocimiento
y experiencia de todas las vivencias que ha presenciado y protagonizado
a lo largo de sus vidas humanas, ello le otorga capacidad de respuesta y
desenvolvimiento ante circunstancias y situaciones similares a las
vividas con anterioridad, es a lo que en ocasiones le llamamos personas
sabias a las que Dios ha dado la sabiduría y la gracia, y en realidad
son personas en cuyo interior mora un Ser muy experimentado en el arte
de la Vida y los procesos que la rigen.
Dios
no hace excepciones ni concede privilegios de ningún tipo, todo es una
conquista a través del tiempo, los ciclos de vidas y el aprovechamiento
de todo ello en aras del progreso y evolución, personas habemos que
empleamos el tiempo en aburrirnos y mirando al vacío, y personas hay que
aprovechan cada segundo para instruirse, ejercitarse y hacer el mayor
bien que el momento y la circunstancia le demanda o permite.
Todo
proyecto se desarrolla a lo largo de un proceso, y lo más interesante
del proyecto es cuando está acabado y podemos apreciar todo lo que
conforma, en su recta final es cuando se colocan los remates y detalles
que lo embellecen y queda listo para su uso o destino.
La
vida de una persona es un proyecto de realización, y es en la recta
final cuando por nuestra experiencia, sabiduría y resto de logros
conseguidos a lo largo del camino de la vida, estamos preparados para
dar otra variedad de nuestros frutos.
Es
muy importante el reconocer estas realidades, porque muchas personas
cuando llegan a la vejez creen que no valen para nada, que ya no tienen
nada importante que ofrecer, y malgastan su tiempo y energías en
menospreciarse a sí mismos por el hecho de que sus cuerpos no les
permiten seguir haciendo lo que anteriormente hacían.
En
la piel empiezan a aparecer las arrugas y manchas propias de la edad, y
hemos de aceptarlas con mucho cariño, agradeciéndole a nuestra piel
todos lo beneficios que a lo largo de nuestra vida nos ha aportado, y
cuidándola en sus necesidades de nutrición e hidratación de forma más
esmerada, porque algunas de nuestras glándulas ya no funcionan como
antes y hemos de suplir las carencias que se originan.
Amemos
nuestro cuerpo al margen de la edad y el estado en que se encuentre,
nuestro amor es uno de los mejores alimentos y la mejor de las
medicinas.
Continúa en la 4ª parte. Un saludo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario