Pedí calma y el universo me lanzó a la batalla más dura: la guerra contra mis propios fantasmas. No hubo meditación que apagara el ruido, ni escapatoria que funcionara. La verdadera paz llegó cuando dejé de huir y me enfrenté al caos.
Descubrí que no se trata de silenciar la tormenta, sino de aprender a bailar bajo la lluvia. La paz no es un destino donde no hay problemas, es la certeza de que puedes atravesarlos sin romperte.
"No te dan tranquilidad, te hacen fuerte suficiente para no necesitarla."
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