El narcisista no te ama. Te usa.
Te envuelve con halagos, con promesas bonitas, con atenciones que parecen de novela… pero todo tiene una condición: que sigas girando alrededor de él.
Al principio te hace sentir única, especial, como si fueras su centro. Pero poco a poco, te vas dando cuenta que no era amor, era manipulación disfrazada de flores.
Porque el narcisista no quiere una pareja… quiere un espejo que lo admire, que lo aplauda, que lo justifique… incluso cuando te rompe el alma.
¿Te suena?:
• “Estás loca, yo no dije eso.”
• “Todo te lo tomas mal.”
• “Sin mí no eres nada.”
Sí, eso es violencia emocional, no amor.
Te aísla, te hace dudar de ti, y cuando por fin te ve rota, se pone la capa de víctima.
Y lo peor… te hace creer que tú fuiste el problema.
Pero no, no eras tú. Era él.
Con su ego frágil y su necesidad de control.
Con su adicción a verte pequeña para sentirse grande.
Así que si te está costando soltar a alguien que te hizo sentir menos…
Recuerda esto: el amor no se mendiga, y mucho menos a alguien que solo sabe amar su reflejo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario